La 4T michoacana se vuelve a casar consigo misma (recepción cada domingo)
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Hay parejas que renuevan votos cada aniversario para mantener viva la llama. La Cuarta Transformación en Michoacán renueva los suyos cada semana, no vaya a ser que la llama se apague entre reunión y reunión.
Esta ronda le tocó a Carlos Torres Piña, coordinador estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, quien convocó a fundadoras y fundadores obradoristas de distintas regiones y sumó la estructura de la senadora Celeste Ascencio. El comunicado habla de 'un llamado a la unidad y a defender los valores que dieron origen al movimiento'. Traducido del dialecto del boletín: se juntaron a recordarse que están juntos, tarea que, por lo visto, requiere refrescarse con notable frecuencia.
El detalle entrañable es que a la lista de adhesiones ya se había sumado también la estructura de Gladyz Butanda, que 'prioriza la unidad'. Y por si el rompecabezas fuera poco, el PVEM salió a reconocer que Torres Piña 'ganó todas las encuestas', mientras el PT anda del otro lado del Congreso midiendo con regla los plazos legales de Baltazar Gaona y advirtiendo que 'un acuerdo político no está por encima de la ley'. O sea: unidad, sí, pero con notario a la mano.
Uno observa este ballet y no puede evitar cierta ternura. Se supone que un movimiento cohesionado no necesita anunciar su cohesión con la insistencia de quien repite en voz alta que no está nervioso. Aquí, en cambio, la unidad es un producto perecedero: caduca a los siete días y hay que volver a fabricarla en asamblea, con estructura sumada, foto de familia y comunicado de prensa.
El ciudadano michoacano, que de política sabe por obligación y no por gusto, contempla el espectáculo desde la butaca barata. A él no le urge saber quién ganó las encuestas internas ni quién le abrazó la estructura a quién. Le urge saber si de tanta unidad va a salir, alguna vez, algo que se parezca a una calle pavimentada, un hospital que abra o una extorsión menos. Porque por ahora la Cuarta Transformación michoacana produce, sobre todo, reuniones para hablar de las próximas reuniones. Y de eso, hay que reconocerlo, va sobradísima de kilometraje.
Esta ronda le tocó a Carlos Torres Piña, coordinador estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, quien convocó a fundadoras y fundadores obradoristas de distintas regiones y sumó la estructura de la senadora Celeste Ascencio. El comunicado habla de 'un llamado a la unidad y a defender los valores que dieron origen al movimiento'. Traducido del dialecto del boletín: se juntaron a recordarse que están juntos, tarea que, por lo visto, requiere refrescarse con notable frecuencia.
El detalle entrañable es que a la lista de adhesiones ya se había sumado también la estructura de Gladyz Butanda, que 'prioriza la unidad'. Y por si el rompecabezas fuera poco, el PVEM salió a reconocer que Torres Piña 'ganó todas las encuestas', mientras el PT anda del otro lado del Congreso midiendo con regla los plazos legales de Baltazar Gaona y advirtiendo que 'un acuerdo político no está por encima de la ley'. O sea: unidad, sí, pero con notario a la mano.
Uno observa este ballet y no puede evitar cierta ternura. Se supone que un movimiento cohesionado no necesita anunciar su cohesión con la insistencia de quien repite en voz alta que no está nervioso. Aquí, en cambio, la unidad es un producto perecedero: caduca a los siete días y hay que volver a fabricarla en asamblea, con estructura sumada, foto de familia y comunicado de prensa.
El ciudadano michoacano, que de política sabe por obligación y no por gusto, contempla el espectáculo desde la butaca barata. A él no le urge saber quién ganó las encuestas internas ni quién le abrazó la estructura a quién. Le urge saber si de tanta unidad va a salir, alguna vez, algo que se parezca a una calle pavimentada, un hospital que abra o una extorsión menos. Porque por ahora la Cuarta Transformación michoacana produce, sobre todo, reuniones para hablar de las próximas reuniones. Y de eso, hay que reconocerlo, va sobradísima de kilometraje.