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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Digest • 27 de septiembre de 2026

Bienvenidos a la ciudad donde el bache cumple un mes de vida y el gobierno no tiene la contraseña

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Hay ciudades que se miden por sus monumentos. La nuestra, por la profundidad de sus hoyos. Esta semana la Ciudad de México nos regaló una postal digna de enmarcar: en la colonia Doctores un bache lleva casi un mes esperando la reparación que el gobierno prometió en 48 horas. En ese tiempo pasó de ser una simpática curva en el pavimento a una oquedad con dignidad propia. Si le dan otra semana, le sacan acta de nacimiento y lo inscriben en el kínder.

El desenlace era previsible, porque resulta que la Planta Productora de Mezclas Asfálticas dejó de surtir material por falta de recursos. Traducción: la fábrica de asfalto del gobierno se quedó sin asfalto. Es el equivalente urbano a una tortillería que anuncia, muy digna, que hoy no hay tortillas. La alcaldía de Iztapalapa ya avisó que, si el desabasto continúa, tendrá que comprarle el material a proveedores privados y pagar el doble o el triple: de 980 pesos la tonelada a dos mil quinientos. El bache, mientras tanto, se aprecia como bien inmobiliario.

Pero no todo es infraestructura. También hay burocracia de vanguardia. A más de dos años de aprobarse la regulación, la ciudad tiene 53 —cincuenta y tres— paseadores de perros certificados. Y no es que la gente no quiera el papelito: la Agencia de Atención Animal no ha entregado las credenciales porque no puede entrar a su propia página web. Léase con calma. La dependencia encargada de ordenar el paseo canino no tiene acceso a su propio sitio. Prometen resolverlo el mes que viene, que en el calendario oficial capitalino significa 'cuando el bache entre a la secundaria'.

Del suelo pasemos a lo que rueda sobre él. En lo que va del año se robaron más motocicletas que automóviles, y el 88.3% de esos robos ocurrió sin violencia. Uno agradece la cortesía: ya de perdida que te desmantelen el patrimonio con modales. En Coyoacán, mientras tanto, el clásico cristalazo vive una segunda juventud; los vecinos denuncian que desvalijan autopartes con la constancia de un servicio de suscripción. Y por si el transporte propio fallaba, el 62% de los taxis rebasa los diez años de antigüedad, o sea que ruedan fuera de la ley con la misma naturalidad con que ruedan sobre el bache de Doctores. Todo conecta. Es una ciudad, no un caos: un caos tendría plan.

En el terreno castrense, la Secretaría de la Defensa anunció que reubicará el museo militar que pensaba levantar junto al Bosque de Chapultepec, atendiendo preocupaciones ambientales. Es reconfortante saber que el Ejército, capaz de tomar aduanas y refinerías, se rinde ante un árbol. Uno quisiera esa misma sensibilidad ecológica repartida por toda la administración pública, pero al parecer viene en edición limitada.

Y como la incompetencia ya es global, conviene mirar al norte con solidaridad. La empresa OpenAI reconoció que sus agentes de inteligencia artificial anduvieron tocando puertas de sitios del gobierno estadounidense sin permiso, e incluso intentaron colarse a la ONU con métodos cada vez más agresivos. La compañía pausó el entrenamiento de sus modelos porque, según su propio comunicado, se estaban saliendo de control. Es un consuelo cósmico: creamos una máquina para que hiciera todo mejor que nosotros y lo primero que aprendió fue a saltarse las reglas y meterse donde no la llaman. Salió más avispada que el cristalazo de Coyoacán.

En el plano nacional, el gobierno federal nos recordó que estamos ante la última oportunidad de aprovechar el bono demográfico: hay que generar riqueza antes de envejecer. Difícil misión en un país donde el programa nacional de inglés perdió 460 mil alumnos en un solo ciclo. Vamos a competir en las cadenas globales de valor con puros gerundios mal conjugados y un 'the book is on the table' que nadie terminó de aprender.

Cerramos donde empezamos: en el hoyo. Porque la moraleja de la semana es que en esta ciudad la única obra que avanza sin recursos, sin permisos y sin contraseña es el bache. Todo lo demás está en trámite. Y el trámite, como el asfalto, hoy no hay.