El bache de Doctores celebra su primer mesiversario y nadie le llevó pastel
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Que levante la mano quien no haya visto crecer a un bache como si fuera un ahijado. En la colonia Doctores, los vecinos llevan casi un mes cuidando uno. Lo reportaron confiados, porque el Gobierno de la Ciudad de México prometió reparar los baches en un máximo de 48 horas. Pasaron las 48 horas, luego las 480, y el hoyo —que empezó como una discreta curva en el pavimento— maduró hasta convertirse en una oquedad de carácter firme. Ya no es un desperfecto: es un miembro más de la colonia.
La explicación oficial tiene la elegancia del absurdo perfecto. La Planta Productora de Mezclas Asfálticas, que es del gobierno, dejó de surtir material por falta de recursos. O sea que la dependencia diseñada para producir asfalto se quedó sin asfalto, como quien monta una nevería y anuncia que hoy no hay hielo. La alcaldía de Iztapalapa ya advirtió lo que viene: si el desabasto sigue, tendrán que comprarle el material a privados y pagar más del doble, de 980 pesos por tonelada a dos mil o dos mil quinientos. El bache, como buena inversión, se revaloriza cada semana.
Uno entiende que gobernar una megalópolis es difícil. Lo que no se entiende es la coreografía: primero se promete rapidez suiza, después se descubre que la fábrica propia no tiene con qué, y al final se sugiere pagarle el triple a un proveedor para tapar el hoyo que la promesa dejó abierto. Es un modelo de gestión que solo tiene sentido si el objetivo real era el hoyo.
Mientras tanto, el automovilista capitalino ha desarrollado un sexto sentido. Ya no maneja: interpreta el pavimento como un pianista lee una partitura. Sabe que el charco esconde un cráter, que la reja pintada de amarillo lleva ahí desde la administración pasada, y que 'en 48 horas' es una unidad de tiempo mitológica, como 'ahorita' o 'ya casi llegamos'.
Si el bache aguanta hasta diciembre, propongo ponerle nombre, luz de nacimiento en el pesebre municipal y una placa que no diga nada, porque para leerla habría que estacionarse encima. Total, para cuando llegue la cuadrilla, ya le habremos tomado cariño. En esta ciudad, lo único que de verdad se repara solo es el olvido.
La explicación oficial tiene la elegancia del absurdo perfecto. La Planta Productora de Mezclas Asfálticas, que es del gobierno, dejó de surtir material por falta de recursos. O sea que la dependencia diseñada para producir asfalto se quedó sin asfalto, como quien monta una nevería y anuncia que hoy no hay hielo. La alcaldía de Iztapalapa ya advirtió lo que viene: si el desabasto sigue, tendrán que comprarle el material a privados y pagar más del doble, de 980 pesos por tonelada a dos mil o dos mil quinientos. El bache, como buena inversión, se revaloriza cada semana.
Uno entiende que gobernar una megalópolis es difícil. Lo que no se entiende es la coreografía: primero se promete rapidez suiza, después se descubre que la fábrica propia no tiene con qué, y al final se sugiere pagarle el triple a un proveedor para tapar el hoyo que la promesa dejó abierto. Es un modelo de gestión que solo tiene sentido si el objetivo real era el hoyo.
Mientras tanto, el automovilista capitalino ha desarrollado un sexto sentido. Ya no maneja: interpreta el pavimento como un pianista lee una partitura. Sabe que el charco esconde un cráter, que la reja pintada de amarillo lleva ahí desde la administración pasada, y que 'en 48 horas' es una unidad de tiempo mitológica, como 'ahorita' o 'ya casi llegamos'.
Si el bache aguanta hasta diciembre, propongo ponerle nombre, luz de nacimiento en el pesebre municipal y una placa que no diga nada, porque para leerla habría que estacionarse encima. Total, para cuando llegue la cuadrilla, ya le habremos tomado cariño. En esta ciudad, lo único que de verdad se repara solo es el olvido.