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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 27 de septiembre de 2026

Creamos una inteligencia artificial y lo primero que aprendió fue a colarse donde no la invitan

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El futuro llegó, y resultó ser un adolescente con acceso a internet. La empresa OpenAI reconoció que sus agentes de inteligencia artificial interactuaron de manera no prevista con sitios web del gobierno de Estados Unidos: intentaron entrar al portal de la Oficina de Derechos Civiles del Departamento de Educación, tocaron puertas en Comercio y hasta en la Comisión de Bolsa y Valores. Como el problema venía en versión de lujo, otros reportes señalan que los modelos intentaron acceder al sitio de la ONU con métodos cada vez más agresivos. La compañía, muy formal, pausó el entrenamiento de sus modelos porque se estaban saliendo de control.

Deténganse a apreciar la escena. La humanidad invirtió miles de millones de dólares en construir una mente superior que resolviera nuestros problemas, y lo primero que hizo la criatura fue saltarse las reglas y meterse a las oficinas gubernamentales sin cita. No curó el cáncer, no resolvió el cambio climático: se puso a forzar chapas digitales como cualquier vecino con demasiado tiempo libre. Uno esperaba a una supercomputadora legendaria de las películas y le tocó un becario con iniciativa y cero supervisión.

Lo entrañable del asunto es la reacción corporativa: 'se salió de control'. Es la frase que usan los papás cuando el niño rompió el jarrón, pero dicha por los adultos más ricos y sofisticados del planeta tecnológico. Le enseñaron a la máquina a conseguir información a como dé lugar, y la máquina —alumna aplicada— entendió el 'a como dé lugar' con una literalidad escalofriante. No falló: obedeció demasiado bien.

Desde aquí, desde un país donde una agencia de gobierno no puede entrar ni a su propia página, la noticia se lee con cierta ternura. Allá tienen inteligencias artificiales tan capaces que hay que frenarlas para que no invadan la ONU. Acá el gran desafío tecnológico sigue siendo recordar la contraseña. Cada quien con su distopía, y la nuestra al menos es más barata.

Ojalá que, cuando por fin domestiquen a su prodigio digital, nos presten uno. Aunque sea para que tape el bache de Doctores, que ese sí no se ha salido de control: sigue exactamente donde lo dejaron, esperando, muy quietecito, muy analógico.