'¿Cuánto era huachicol?': la pregunta que el país prefiere dejar en modo avión
Tamaño de letra
Hay preguntas que se responden y preguntas que se decoran. '¿Cuánto era huachicol?' pertenece a la segunda categoría: un titular que apareció, se quedó suspendido en el aire y nadie se molestó en aterrizar. Es la incógnita perfecta, porque no compromete a nadie y suena a que alguien, en algún momento, va a soltar la cifra. Aviso de spoiler: no la va a soltar.
El huachicol —el robo y contrabando de combustibles— lleva años siendo el fantasma favorito del discurso oficial: se le menciona, se le persigue en boletín, se le atribuyen operativos espectaculares, pero cuando llega la hora de poner el número sobre la mesa, el país entero descubre que dejó los lentes en casa. ¿Cuántos litros? ¿Cuántos millones? ¿Cuánto exactamente? Silencio de biblioteca.
Y no es un silencio inocente. Es el mismo arte de la ambigüedad que permite manejar un tema incómodo como quien administra un secreto a voces: todos saben que existe, todos intuyen el tamaño, pero la cifra oficial vive en ese limbo donde las cosas son 'materia de investigación' hasta que dejan de ser noticia. La pregunta, mientras tanto, cumple su función decorativa, colgada de la pared como cuadro que nadie quiere descolgar.
Lo elegante del caso es que la duda se planteó y, en el mismo espacio, se pasó a hablar del precio del dólar y de la informalidad laboral, como quien abre la puerta del clóset, ve el desorden y la vuelve a cerrar diciendo 'ahorita lo arreglo'. La agenda avanza, el dólar sube, el trimestre reporta, y la pregunta se queda ahí, tan sin respuesta como llegó.
Quizá algún día alguien conteste. Por ahora, la única certeza es la pregunta. Y en México, una pregunta sin responder no es un pendiente: es una tradición.
El huachicol —el robo y contrabando de combustibles— lleva años siendo el fantasma favorito del discurso oficial: se le menciona, se le persigue en boletín, se le atribuyen operativos espectaculares, pero cuando llega la hora de poner el número sobre la mesa, el país entero descubre que dejó los lentes en casa. ¿Cuántos litros? ¿Cuántos millones? ¿Cuánto exactamente? Silencio de biblioteca.
Y no es un silencio inocente. Es el mismo arte de la ambigüedad que permite manejar un tema incómodo como quien administra un secreto a voces: todos saben que existe, todos intuyen el tamaño, pero la cifra oficial vive en ese limbo donde las cosas son 'materia de investigación' hasta que dejan de ser noticia. La pregunta, mientras tanto, cumple su función decorativa, colgada de la pared como cuadro que nadie quiere descolgar.
Lo elegante del caso es que la duda se planteó y, en el mismo espacio, se pasó a hablar del precio del dólar y de la informalidad laboral, como quien abre la puerta del clóset, ve el desorden y la vuelve a cerrar diciendo 'ahorita lo arreglo'. La agenda avanza, el dólar sube, el trimestre reporta, y la pregunta se queda ahí, tan sin respuesta como llegó.
Quizá algún día alguien conteste. Por ahora, la única certeza es la pregunta. Y en México, una pregunta sin responder no es un pendiente: es una tradición.