Seis millones de pesos para descubrir que Parral también tiene sed
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Hay inversiones que rinden dividendos y hay inversiones que rinden certeza existencial. La JMAS acaba de estrenar la segunda modalidad: informó que el pozo exploratorio en Parral Vive, después de una inversión cercana a los seis millones de pesos, produjo la friolera de dos litros de agua por segundo. Insuficiente para el abastecimiento urbano, dice el boletín con la delicadeza de quien no quiere admitir que perforó medio presupuesto para encontrar un charco con ínfulas.
Pongámoslo en perspectiva parralense: dos litros por segundo es, más o menos, lo que escurre de una hielera mal cerrada en el cofre de la troca. Por ese caudal pagamos seis millones. A ese precio, el litro de agua subterránea salió cotizando como perfume de importación, y con menos aroma.
Pero no todo es sequía en el alma. La misma dependencia anunció que, al rehabilitar la conducción desde la galería de la Presa Parral, sumará 15 litros por segundo y alcanzará un suministro global de 110 'unidades hídricas', una medida tan elegante que casi suena a que ya no vamos a batallar. Casi. Porque este mismo fin de semana el tandeo seguía repartiendo agua a cuentagotas entre cuatro colonias, con la Planta Potabilizadora, Recompensa y Veta Colorada turnándose el heroísmo.
Uno entiende el entusiasmo oficial: cuando llevas años administrando la escasez, quince litros nuevos por segundo se sienten como una crecida del Nilo. El problema es que Parral no necesita metáforas hidráulicas, necesita agua en la llave. Y mientras la ciencia confirma que el subsuelo está más seco que chiste en velorio, a los parralenses les queda el consuelo de siempre: llenar cubetas cuando toca, esperar cuando no, y calcular cuántos pozos de dos litros cabrían en los seis millones que ya se fueron. La respuesta, como el agua, es incómodamente pequeña.
Pongámoslo en perspectiva parralense: dos litros por segundo es, más o menos, lo que escurre de una hielera mal cerrada en el cofre de la troca. Por ese caudal pagamos seis millones. A ese precio, el litro de agua subterránea salió cotizando como perfume de importación, y con menos aroma.
Pero no todo es sequía en el alma. La misma dependencia anunció que, al rehabilitar la conducción desde la galería de la Presa Parral, sumará 15 litros por segundo y alcanzará un suministro global de 110 'unidades hídricas', una medida tan elegante que casi suena a que ya no vamos a batallar. Casi. Porque este mismo fin de semana el tandeo seguía repartiendo agua a cuentagotas entre cuatro colonias, con la Planta Potabilizadora, Recompensa y Veta Colorada turnándose el heroísmo.
Uno entiende el entusiasmo oficial: cuando llevas años administrando la escasez, quince litros nuevos por segundo se sienten como una crecida del Nilo. El problema es que Parral no necesita metáforas hidráulicas, necesita agua en la llave. Y mientras la ciencia confirma que el subsuelo está más seco que chiste en velorio, a los parralenses les queda el consuelo de siempre: llenar cubetas cuando toca, esperar cuando no, y calcular cuántos pozos de dos litros cabrían en los seis millones que ya se fueron. La respuesta, como el agua, es incómodamente pequeña.