Ingresar | Crear cuenta

El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Jalisco • Digest • 28 de septiembre de 2026

Boletín del hundimiento: Guadalajara amaneció obesa, agujereada y con un tigre suelto

Tamaño de letra
Amanecimos en una Guadalajara que, según el INEGI, ya no es la segunda ciudad del país y que además está —cito al columnista, no a mi mala leche— "obesa". La Encuesta Intercensal 2025 confirma lo que cualquiera intuye al manejar por Lázaro Cárdenas a las ocho de la mañana: engordamos más de lo que crecimos. Bajamos de dos mil 486 a dos mil 186 habitantes por kilómetro cuadrado, o sea, la ciudad se estira como pants de mezclilla después de las fiestas. Monterrey ya nos rebasó y nosotros seguimos presumiendo tejuino.

Pero descuiden: si la ciudad está gorda, también está agujereada. El Siapa reporta más de tres mil socavones en lo que va del año, con quince millones de pesos para taparlos. Hagan la cuenta y verán que toca a menos de una cubeta de asfalto por hoyo. En Enrique Díaz de León el socavón creció con la lluvia, porque aquí hasta los hoyos tienen aspiraciones. La ingeniería civil corre a cargo de los vecinos, que señalizan el abismo con sillones, escobas y varas, único operativo que sí funciona a la primera. Mil quinientos hoyos atendidos; los otros mil quinientos siguen formados, pacientemente, bajo tierra, esperando su turno como quien saca ficha en el Registro Civil.

Y ya entrados en fauna urbana: mientras un lince rojo nacía en cautiverio en Tlajomulco —enhorabuena—, en La Barca y en Amatitán las autoridades andaban avisando que sueltan por ahí un tigre de bengala y un par de linces. Protección Civil pide "no acercarse ni intentar capturarlo", recomendación que en Jalisco es tan necesaria como decir "no le piquen al oso". Uno ya no sabe si salir a la calle por los socavones, por los tigres, o por el vecino que le cobra cincuenta pesos por estacionarse frente a su propia banqueta.

Porque sí: el apartalugares es inmortal. Ciento diecisiete operativos, ciento ochenta actas y casi dos mil apartadores detenidos —trece afuerita del Estadio Jalisco durante el concierto de Julión— y la práctica sigue tan campante. Con las Fiestas de Octubre a la vuelta, alrededor del Auditorio ya florecen las cubetas y los botes como cempasúchil de temporada, con tarifas que trepan a trescientos pesos. Nada dice "bienvenido a la fiesta" como pagar estacionamiento tres veces el boleto que ni compraste, porque al Foro Principal, dicen, se entra gratis.

En el rubro del agua, la alcaldesa Verónica Delgadillo nos regaló la frase del día: "yo me meto directamente a las casas". Reconforta saber que la titularidad de Guadalajara incluye visitas domiciliarias para constatar que el agua ya sale menos café. Los reportes bajaron, asegura; los ciudadanos, mientras tanto, siguen oliendo el vaso antes de darle un trago, ritual metropolitano tan nuestro como el bautizo de la torta ahogada, que este domingo regaló veinticinco mil en el Centro. Milagro tapatío: gratis y sin fila de socavón.

De pilón, el ruido. Un estudio advierte que la ZMG rebasa los 80 y 90 decibeles entre tráfico, motos, obras y "actividades recreativas" —eufemismo elegante para el bar del vecino—. La mala noticia es que nos estamos quedando sordos; la buena, que así ya no escuchamos al apartador pidiendo su propina.

Y para que no digan que solo vemos el ombligo tapatío: en el Zócalo, la Presidenta Sheinbaum cerró la gira de su Segundo Informe con lo que ella llamó "un acto de congruencia" y otros, con menos poesía, "un baño de pueblo". Plaza llena, gorras de cortesía, playeras de cortesía y pancartas de cortesía. Rendición de cuentas en la que las cuentas fueron, sobre todo, las del acarreo. Soberanía, injerencia extranjera y "el pueblo manda": el greatest hits de las mañaneras, ahora en formato concierto masivo, sin apartalugares —eso sí, faltaba más—.

Cierro el boletín con el balance del día: la ciudad está más gorda, más hoyada y con menos densidad que un discurso de campaña; hay felinos sueltos, agua que huele a explicación y estacionamiento que cuesta más que la entrada. Pero tranquilos: mientras haya un sillón marcando el socavón y una cubeta apartando el lugar, Jalisco seguirá funcionando exactamente como siempre. Es decir, no del todo, pero con mucho estilo.