El Siapa estrena temporada y ya la renovó por veinte capítulos más
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Guadalajara tiene nueva serie del momento y no está en ninguna plataforma: se llama Temporada de Socavones y ya rebasó los tres mil episodios en lo que va del año. El Siapa, en el papel del protagonista atormentado, confiesa que cuenta con quince millones de pesos para enfrentarlos. Saquen la calculadora del celular: sale a cinco mil pesos por hoyo, lo suficiente para un cono de asfalto y una veladora.
El capítulo estelar se grabó en la avenida Enrique Díaz de León, donde un socavón que ya estaba en tratamiento decidió crecer con la lluvia del sábado, porque en esta ciudad hasta los hoyos tienen ambiciones de superación personal. Las autoridades aclaran que sí hay maquinaria excavando, no vaya a pensar la ciudadanía que el socavón trabaja por su cuenta —aunque, francamente, rinde más que muchos—.
De los más de tres mil reportes, mil quinientos ya fueron atendidos. Los otros mil quinientos, según el guion, siguen formados bajo tierra esperando turno, como si el subsuelo tapatío tuviera su propio módulo de "atención" con folio de veinte dígitos.
Mientras el colector se repara —"varios días", calculan, que en jerga oficial significa "cuando Dios quiera"—, los vecinos han desarrollado la única ingeniería que aquí nunca falla: la de la señalización casera. Sillones jubilados, escobas, varas y botes se colocan alrededor del abismo para advertir que ahí abajo puede estar el próximo atractivo turístico de la metrópoli. Es Protección Civil ciudadana, sin presupuesto y sin junta de gobierno, pero con resultados.
Los especialistas —esos que nadie escucha hasta que se abre el hoyo— llevan años señalando lo obvio: tuberías envejecidas, fugas, escurrimientos y falta de inversión. Traducido: la red de agua de Guadalajara tiene la edad y el ánimo de una tía que ya no quiere ir a las posadas. Pero para qué invertir en lo que no se ve, si al final, cuando se ve, ya es socavón y sale en las noticias.
Así que abróchense el cinturón, tapatíos, que la temporada apenas empieza y las lluvias prometen más entregas. El Siapa promete; la banqueta cumple. Y usted, querido lector, mejor vaya guardando un sillón viejo: nunca se sabe cuándo le tocará estrenar hoyo propio frente a su casa.
El capítulo estelar se grabó en la avenida Enrique Díaz de León, donde un socavón que ya estaba en tratamiento decidió crecer con la lluvia del sábado, porque en esta ciudad hasta los hoyos tienen ambiciones de superación personal. Las autoridades aclaran que sí hay maquinaria excavando, no vaya a pensar la ciudadanía que el socavón trabaja por su cuenta —aunque, francamente, rinde más que muchos—.
De los más de tres mil reportes, mil quinientos ya fueron atendidos. Los otros mil quinientos, según el guion, siguen formados bajo tierra esperando turno, como si el subsuelo tapatío tuviera su propio módulo de "atención" con folio de veinte dígitos.
Mientras el colector se repara —"varios días", calculan, que en jerga oficial significa "cuando Dios quiera"—, los vecinos han desarrollado la única ingeniería que aquí nunca falla: la de la señalización casera. Sillones jubilados, escobas, varas y botes se colocan alrededor del abismo para advertir que ahí abajo puede estar el próximo atractivo turístico de la metrópoli. Es Protección Civil ciudadana, sin presupuesto y sin junta de gobierno, pero con resultados.
Los especialistas —esos que nadie escucha hasta que se abre el hoyo— llevan años señalando lo obvio: tuberías envejecidas, fugas, escurrimientos y falta de inversión. Traducido: la red de agua de Guadalajara tiene la edad y el ánimo de una tía que ya no quiere ir a las posadas. Pero para qué invertir en lo que no se ve, si al final, cuando se ve, ya es socavón y sale en las noticias.
Así que abróchense el cinturón, tapatíos, que la temporada apenas empieza y las lluvias prometen más entregas. El Siapa promete; la banqueta cumple. Y usted, querido lector, mejor vaya guardando un sillón viejo: nunca se sabe cuándo le tocará estrenar hoyo propio frente a su casa.