El oso, la corcholata y las goteras: crónica de un Nuevo León que se defiende a puntazos
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Amaneció Nuevo León con una certeza filosófica: aquí, cuando la naturaleza toca a la puerta, la respuesta es una tabla con clavos. En la colonia Olinalá, en San Pedro, a alguien se le ocurrió la brillante idea de repartir tablones con clavos parados para que los osos negros —que solo bajan del cerro a buscar comida porque nosotros les construimos residencias en su comedor— entendieran que en la República Independiente de San Pedro se paga membresía. El vecino señalado salió a aclarar que la intención no era lastimar a la fauna, sino “mantenerla alejada”, como quien pone un tapete de bienvenida al revés. Activistas, PROFEPA y hasta los mismos vecinos pusieron el grito en el cielo, y con razón: es el único lugar del país donde el control de plagas viene con acabado rústico de ferretería.
Mientras el oso reflexiona sobre su lugar en el mundo, adentro de las torres de lujo la tragedia es más húmeda. En la Torre Árbol, en Arboleda, circuló un audio donde un residente denuncia fallas de tuberías, falta de agua caliente e inundaciones. Sí: se puede pagar por vivir en las alturas y aun así despertar haciendo esnórquel en la sala. Resulta que la gotera es democrática y no distingue código postal; lo único que sube con el elevador es el precio del metro cuadrado.
Y ya que hablamos de líquidos que van a donde no deben: Agua y Drenaje presumió haber recuperado 900 litros de aceite de cocina en su campaña “Al Drenaje No”. Novecientos litros. Es decir, buena parte del área metropolitana estaba usando la red de drenaje como sartén comunitario. Uno entiende ahora por qué el Corredor Morelos huele como huele: comerciantes del Centro denunciaron olores, ratas y alcantarillas dañadas, un combo que ninguna guía turística se atreve a incluir pero que es, seamos honestos, más consistente que muchos programas de gobierno.
Hablando de consistencia, las autoridades estatales anunciaron que Nuevo León vive “su mejor momento en materia de seguridad en tres décadas”. Una frase preciosa, digna de enmarcar, que conviene leer el mismo fin de semana en que se reportaron una agresión entre hermanos, un depósito de cerveza baleado en Juárez y una extorsión a un restaurante por mil pesos semanales. El “mejor momento” tiene la particularidad de sentirse distinto según de qué lado del clavo esté uno parado.
En el frente político, Morena por fin destapa este lunes al que llaman “el bueno”: su coordinador estatal rumbo a 2027, anunciado nada menos que desde el World Trade Center de la Ciudad de México, porque para elegir al defensor de la transformación en Nuevo León lo natural es viajar a otro estado. Le dicen “corcholata”, que es la palabra más honesta que ha producido la política mexicana: un tapón que alguien más destapa cuando decide que es hora. El suspenso durará lo que dura un refresco tibio.
El municipio de García, por su parte, estrenó el “Garcibús”, transporte gratuito con cuatro unidades nuevas. Cuatro. Para un municipio que crece como espuma, es un gesto conmovedor, como apagar un incendio forestal con un vaso de agua fría pero bien intencionado. Ojalá las cuatro unidades no se topen con el tren que estos días impactó una pipa de agua a media vía, porque en Nuevo León hasta la movilidad tiene su propia nota roja.
En el capítulo de la naturaleza que sí se deja ayudar, unos 60 voluntarios salieron a pescar pez diablo en el Río La Silla. El pez diablo, esa criatura invasora, fea y resistente, es prácticamente el animal totémico de cierta clase política: nadie sabe cómo llegó, nadie lo invitó y no hay manera de sacarlo. Y para cerrar con broche existencial, la Secretaría General de Gobierno anunció una brigada gratuita de testamentos en el Gimnasio Nuevo León: porque nada dice “te queremos, ciudadano” como recordarte, un martes cualquiera, que igual y no la libras.
Todo esto ocurrió mientras el huracán Polo dejaba dolor de verdad en el Pacífico y mientras el IMSS de Mexicali reconocía haber entregado dos bebés a las familias equivocadas —un error que, comparado con las goteras de San Pedro, recuerda que hay descuidos que no se arreglan reiniciando el sistema. Nuevo León sigue en lo suyo: defendiéndose de los osos, de las goteras y, sobre todo, de sí mismo. Con clavos, por supuesto.
Mientras el oso reflexiona sobre su lugar en el mundo, adentro de las torres de lujo la tragedia es más húmeda. En la Torre Árbol, en Arboleda, circuló un audio donde un residente denuncia fallas de tuberías, falta de agua caliente e inundaciones. Sí: se puede pagar por vivir en las alturas y aun así despertar haciendo esnórquel en la sala. Resulta que la gotera es democrática y no distingue código postal; lo único que sube con el elevador es el precio del metro cuadrado.
Y ya que hablamos de líquidos que van a donde no deben: Agua y Drenaje presumió haber recuperado 900 litros de aceite de cocina en su campaña “Al Drenaje No”. Novecientos litros. Es decir, buena parte del área metropolitana estaba usando la red de drenaje como sartén comunitario. Uno entiende ahora por qué el Corredor Morelos huele como huele: comerciantes del Centro denunciaron olores, ratas y alcantarillas dañadas, un combo que ninguna guía turística se atreve a incluir pero que es, seamos honestos, más consistente que muchos programas de gobierno.
Hablando de consistencia, las autoridades estatales anunciaron que Nuevo León vive “su mejor momento en materia de seguridad en tres décadas”. Una frase preciosa, digna de enmarcar, que conviene leer el mismo fin de semana en que se reportaron una agresión entre hermanos, un depósito de cerveza baleado en Juárez y una extorsión a un restaurante por mil pesos semanales. El “mejor momento” tiene la particularidad de sentirse distinto según de qué lado del clavo esté uno parado.
En el frente político, Morena por fin destapa este lunes al que llaman “el bueno”: su coordinador estatal rumbo a 2027, anunciado nada menos que desde el World Trade Center de la Ciudad de México, porque para elegir al defensor de la transformación en Nuevo León lo natural es viajar a otro estado. Le dicen “corcholata”, que es la palabra más honesta que ha producido la política mexicana: un tapón que alguien más destapa cuando decide que es hora. El suspenso durará lo que dura un refresco tibio.
El municipio de García, por su parte, estrenó el “Garcibús”, transporte gratuito con cuatro unidades nuevas. Cuatro. Para un municipio que crece como espuma, es un gesto conmovedor, como apagar un incendio forestal con un vaso de agua fría pero bien intencionado. Ojalá las cuatro unidades no se topen con el tren que estos días impactó una pipa de agua a media vía, porque en Nuevo León hasta la movilidad tiene su propia nota roja.
En el capítulo de la naturaleza que sí se deja ayudar, unos 60 voluntarios salieron a pescar pez diablo en el Río La Silla. El pez diablo, esa criatura invasora, fea y resistente, es prácticamente el animal totémico de cierta clase política: nadie sabe cómo llegó, nadie lo invitó y no hay manera de sacarlo. Y para cerrar con broche existencial, la Secretaría General de Gobierno anunció una brigada gratuita de testamentos en el Gimnasio Nuevo León: porque nada dice “te queremos, ciudadano” como recordarte, un martes cualquiera, que igual y no la libras.
Todo esto ocurrió mientras el huracán Polo dejaba dolor de verdad en el Pacífico y mientras el IMSS de Mexicali reconocía haber entregado dos bebés a las familias equivocadas —un error que, comparado con las goteras de San Pedro, recuerda que hay descuidos que no se arreglan reiniciando el sistema. Nuevo León sigue en lo suyo: defendiéndose de los osos, de las goteras y, sobre todo, de sí mismo. Con clavos, por supuesto.