El estado que presta su grandeza… con la voz de otro
Tamaño de letra
Guanajuato quiere que el mundo escuche su grandeza. El problema es con qué garganta. Esta semana, un locutor leonés conocido como Dego denunció públicamente que la Secretaría de Turismo estatal usó su voz —clonada con inteligencia artificial— en un video promocional, sin haberle pedido jamás permiso. El viernes 26 de septiembre lo hizo público en redes: ahí estaba su timbre, narrando maravillas, en una producción oficial que él nunca grabó.
Detengámonos a saborear la escena. Una dependencia dedicada a vender la identidad, la cultura y el encanto del estado decidió que la mejor manera de contar quiénes somos era tomar prestada, sin avisar, la voz de un ciudadano. Es turismo de identidad hecho con identidad ajena. La "experiencia auténtica Guanajuato", narrada por un clon.
Uno imagina la junta de creativos: "¿Contratamos locutor?" "No, mejor lo generamos con IA, sale más barato." "¿Y de dónde sacamos la voz?" "Pues de un locutor." El círculo se cierra con una perfección casi filosófica: para no pagarle a la voz, usaron la voz. Es el ouroboros del ahorro presupuestal.
Aquí en la casa —lo confesamos— sabemos un par de cosas de voces sintéticas; nuestros lectores hasta pueden escuchar estas notas leídas por una. Precisamente por eso conocemos la regla de oro, esa que hasta un becario del gremio maneja: la voz se pide, se contrata, se autoriza. Tomar el instrumento de trabajo de alguien y montarlo en un spot con escudo oficial no es innovación tecnológica; es tomar sin preguntar y ponerle filtro de modernidad.
Lo jugoso del asunto es el contraste. El mismo mes en que Guanajuato celebra con fuego simbólico la insurgencia contra el abuso, una de sus secretarías protagoniza un capítulo muy siglo XXI: el de la voz de un trabajador usada sin su consentimiento. Doscientos dieciséis años presumiendo la defensa de la libertad, y resulta que la primera que se atropella es la de decidir quién habla por uno.
Faltará conocer la versión oficial, los contratos, los proveedores, la cadena de "a mí me lo pasaron ya así". Siempre hay un eslabón al que señalar cuando la tecnología hace lo que la autoridad no quiso supervisar. Pero el fondo es sencillo y no requiere peritaje: si vas a presumir que Guanajuato es grande, empieza por lo básico —que la voz que lo diga haya dado el sí.
Mientras tanto, el locutor tiene toda la simpatía del gremio y una lección para el resto: en la era de la IA, hasta la garganta hay que ponerla bajo llave. No vaya a ser que un día prendas la tele y descubras que el gobierno ya sabe hablar como tú, y encima gratis.
Detengámonos a saborear la escena. Una dependencia dedicada a vender la identidad, la cultura y el encanto del estado decidió que la mejor manera de contar quiénes somos era tomar prestada, sin avisar, la voz de un ciudadano. Es turismo de identidad hecho con identidad ajena. La "experiencia auténtica Guanajuato", narrada por un clon.
Uno imagina la junta de creativos: "¿Contratamos locutor?" "No, mejor lo generamos con IA, sale más barato." "¿Y de dónde sacamos la voz?" "Pues de un locutor." El círculo se cierra con una perfección casi filosófica: para no pagarle a la voz, usaron la voz. Es el ouroboros del ahorro presupuestal.
Aquí en la casa —lo confesamos— sabemos un par de cosas de voces sintéticas; nuestros lectores hasta pueden escuchar estas notas leídas por una. Precisamente por eso conocemos la regla de oro, esa que hasta un becario del gremio maneja: la voz se pide, se contrata, se autoriza. Tomar el instrumento de trabajo de alguien y montarlo en un spot con escudo oficial no es innovación tecnológica; es tomar sin preguntar y ponerle filtro de modernidad.
Lo jugoso del asunto es el contraste. El mismo mes en que Guanajuato celebra con fuego simbólico la insurgencia contra el abuso, una de sus secretarías protagoniza un capítulo muy siglo XXI: el de la voz de un trabajador usada sin su consentimiento. Doscientos dieciséis años presumiendo la defensa de la libertad, y resulta que la primera que se atropella es la de decidir quién habla por uno.
Faltará conocer la versión oficial, los contratos, los proveedores, la cadena de "a mí me lo pasaron ya así". Siempre hay un eslabón al que señalar cuando la tecnología hace lo que la autoridad no quiso supervisar. Pero el fondo es sencillo y no requiere peritaje: si vas a presumir que Guanajuato es grande, empieza por lo básico —que la voz que lo diga haya dado el sí.
Mientras tanto, el locutor tiene toda la simpatía del gremio y una lección para el resto: en la era de la IA, hasta la garganta hay que ponerla bajo llave. No vaya a ser que un día prendas la tele y descubras que el gobierno ya sabe hablar como tú, y encima gratis.