San Pedro le declara la guerra al oso con clavos, cornetas y una junta de colonos con delirios de fortín
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Hay problemas de rico y luego está esto. En la colonia Olinalá, en San Pedro Garza García, alguien tuvo la brillante idea de repartir alrededor de cuarenta tablas de madera con clavos expuestos para evitar que los osos negros se metieran a las casas. La lógica es impecable si uno vive en el siglo XIV: si el animal quiere entrar, que se ensarte. El pequeño detalle es que empalar fauna silvestre resulta ser un delito federal, y ahora Parques y Vida Silvestre de Nuevo León, por un lado, y un activista, por el otro, presentaron sendas denuncias ante la Profepa contra la organización vecinal por su innovador sistema de defensa doméstica.
Conviene recordar el tamaño del asunto: van más de 600 avistamientos de osos en el estado este año, todos reportados al 911, que a estas alturas ya podría abrir una extensión exclusiva para fauna. Los reportes se concentran en San Pedro, Monterrey, Santa Catarina y Santiago, es decir, justo donde el cerro y el fraccionamiento comparten barda.
El fin de semana, un ejemplar entró a un domicilio en Bosques del Ángel y Protección Civil lo sacó con una corneta de aire. Una corneta. El mismo instrumento con el que animan un partido de futbol es ahora la primera línea de defensa contra un plantígrado de buen tamaño. Y aun así funcionó mejor que las tablas.
El director de Protección Civil pidió, con la paciencia de quien lo repite cada temporada, que la gente deje de alimentar a los osos, porque la comida es justamente lo que los baja del monte, y advirtió que dañarlos acarrea sanciones. Traducido: el oso llegó primero, tiene más derechos que usted y, si lo lastima, el que va a la Profepa es usted, no el oso.
La moraleja sampetrina de la semana es que se puede tener la colonia más cara del país y, aun así, resolver la convivencia con la naturaleza como si fuera un asalto a un castillo. Falta que alguien proponga aceite hirviendo desde el balcón.
Conviene recordar el tamaño del asunto: van más de 600 avistamientos de osos en el estado este año, todos reportados al 911, que a estas alturas ya podría abrir una extensión exclusiva para fauna. Los reportes se concentran en San Pedro, Monterrey, Santa Catarina y Santiago, es decir, justo donde el cerro y el fraccionamiento comparten barda.
El fin de semana, un ejemplar entró a un domicilio en Bosques del Ángel y Protección Civil lo sacó con una corneta de aire. Una corneta. El mismo instrumento con el que animan un partido de futbol es ahora la primera línea de defensa contra un plantígrado de buen tamaño. Y aun así funcionó mejor que las tablas.
El director de Protección Civil pidió, con la paciencia de quien lo repite cada temporada, que la gente deje de alimentar a los osos, porque la comida es justamente lo que los baja del monte, y advirtió que dañarlos acarrea sanciones. Traducido: el oso llegó primero, tiene más derechos que usted y, si lo lastima, el que va a la Profepa es usted, no el oso.
La moraleja sampetrina de la semana es que se puede tener la colonia más cara del país y, aun así, resolver la convivencia con la naturaleza como si fuera un asalto a un castillo. Falta que alguien proponga aceite hirviendo desde el balcón.