Nace un Embajador de la Paz: el partido PAZ ficha a un influencer directo del corazón del pueblo
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Buenas noticias para la concordia estatal: el partido PAZ anunció que sumó a sus filas al empresario e influencer Hernán Gerardo Sada Garza, mejor conocido como El Grillo Sada, quien a partir de ahora ostentará el cargo de Embajador de la Paz en Nuevo León. Sí, embajador. De la paz. En un estado que este año lleva más de 600 avistamientos de osos, camiones de basura varados afuera de Simeprode y una precampaña que ya empezó a tapizar avenidas.
Según el comunicado del partido, la incorporación del Grillo nace del corazón del pueblo y con el firme compromiso de promover la paz en la entidad. El pueblo, consultado de manera informal, confesó no recordar en qué momento su corazón deliberó, votó y emitió un dictamen a favor de un influencer. Pero así es el corazón: late por su cuenta.
Uno esperaría que el título de Embajador de la Paz viniera acompañado de credenciales diplomáticas, años de mediación en conflictos o al menos un diplomado en línea. En cambio, el requisito parece ser tener presencia en redes y disposición a salir en el comunicado. Que nadie se queje: es más de lo que piden para otros cargos.
Queda la duda protocolaria de rigor. ¿A quién le presenta cartas credenciales un Embajador de la Paz? ¿Ante qué nación acredita su misión? ¿Habrá consulado, visas, valija diplomática? Por lo pronto, Nuevo León suma un embajador sin embajada, una paz sin tratado y un cargo que suena maravilloso mientras nadie pregunte qué implica exactamente.
Si el experimento funciona, esperemos con ansias las siguientes vacantes: Ministro de las Buenas Intenciones, Cónsul de la Sana Convivencia y, ¿por qué no?, un Secretario de que Todo Va a Estar Bien. El pueblo, ese que late solito, seguramente ya los está nominando.
Según el comunicado del partido, la incorporación del Grillo nace del corazón del pueblo y con el firme compromiso de promover la paz en la entidad. El pueblo, consultado de manera informal, confesó no recordar en qué momento su corazón deliberó, votó y emitió un dictamen a favor de un influencer. Pero así es el corazón: late por su cuenta.
Uno esperaría que el título de Embajador de la Paz viniera acompañado de credenciales diplomáticas, años de mediación en conflictos o al menos un diplomado en línea. En cambio, el requisito parece ser tener presencia en redes y disposición a salir en el comunicado. Que nadie se queje: es más de lo que piden para otros cargos.
Queda la duda protocolaria de rigor. ¿A quién le presenta cartas credenciales un Embajador de la Paz? ¿Ante qué nación acredita su misión? ¿Habrá consulado, visas, valija diplomática? Por lo pronto, Nuevo León suma un embajador sin embajada, una paz sin tratado y un cargo que suena maravilloso mientras nadie pregunte qué implica exactamente.
Si el experimento funciona, esperemos con ansias las siguientes vacantes: Ministro de las Buenas Intenciones, Cónsul de la Sana Convivencia y, ¿por qué no?, un Secretario de que Todo Va a Estar Bien. El pueblo, ese que late solito, seguramente ya los está nominando.