Once millones y cuatro pantallas LED después, la oficina del presidente sigue sin estar lista
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Si usted remodeló su casa, sabe que las obras siempre cuestan el doble y duran el triple. Lo que no sabía es que ese principio universal también aplica para la Presidencia Municipal de Puerto Vallarta, donde la remodelación de oficinas ya acumula 11 millones 662 mil pesos y, hasta el cierre de esta edición, no termina. Empezaron en 2024. Estamos a mitad de 2026. A este ritmo, la obra podría inaugurarse junto con la próxima administración, lo cual sería al menos coherente.
Entre los gastos que destacan en los registros municipales sobresale el pago de 1 millón 698 mil pesos a un proveedor por cuatro pantallas LED destinadas a distintas áreas de Presidencia. Cuatro pantallas. Casi 425 mil pesos cada una. A ese precio, uno esperaría que las pantallas no solo muestren PowerPoint, sino que además resuelvan los baches, atiendan el drenaje y reciban a los ciudadanos con una sonrisa de alta definición.
Las adecuaciones, según los reportes, no se limitaron al edificio del Centro: también hubo trabajos en la Unidad Municipal Administrativa, reacondicionamiento del quinto piso y habilitación del cuarto como sala de espera. Porque si algo necesita un ciudadano que viene a reportar una fuga, es una sala de espera muy bien acondicionada para esperar largamente.
Nuevamente, la aclaración obligada: gastar en infraestructura pública no es delito, y modernizar oficinas puede ser perfectamente legítimo. El problema no es la pintura ni la pantalla: es el contraste. En un municipio turístico que presume playas de clase mundial y que esta misma semana tuvo que mandar cuadrillas a destapar un drenaje porque alguien tiró un cono al registro, los 11.6 millones en oficinas que aún no concluyen suenan menos a obra y más a serie de Netflix con renovación garantizada de temporada.
El Ayuntamiento dirá que todo está documentado y dentro de la norma, y probablemente así sea. Pero la próxima vez que un vecino pregunte por qué su calle sigue igual, ya tiene respuesta en cuatro pantallas de ultra alta resolución: para que la espera, al menos, se vea nítida.
Entre los gastos que destacan en los registros municipales sobresale el pago de 1 millón 698 mil pesos a un proveedor por cuatro pantallas LED destinadas a distintas áreas de Presidencia. Cuatro pantallas. Casi 425 mil pesos cada una. A ese precio, uno esperaría que las pantallas no solo muestren PowerPoint, sino que además resuelvan los baches, atiendan el drenaje y reciban a los ciudadanos con una sonrisa de alta definición.
Las adecuaciones, según los reportes, no se limitaron al edificio del Centro: también hubo trabajos en la Unidad Municipal Administrativa, reacondicionamiento del quinto piso y habilitación del cuarto como sala de espera. Porque si algo necesita un ciudadano que viene a reportar una fuga, es una sala de espera muy bien acondicionada para esperar largamente.
Nuevamente, la aclaración obligada: gastar en infraestructura pública no es delito, y modernizar oficinas puede ser perfectamente legítimo. El problema no es la pintura ni la pantalla: es el contraste. En un municipio turístico que presume playas de clase mundial y que esta misma semana tuvo que mandar cuadrillas a destapar un drenaje porque alguien tiró un cono al registro, los 11.6 millones en oficinas que aún no concluyen suenan menos a obra y más a serie de Netflix con renovación garantizada de temporada.
El Ayuntamiento dirá que todo está documentado y dentro de la norma, y probablemente así sea. Pero la próxima vez que un vecino pregunte por qué su calle sigue igual, ya tiene respuesta en cuatro pantallas de ultra alta resolución: para que la espera, al menos, se vea nítida.