Morena abre sus encuestas y, oh milagro, gana justo el que tenía que ganar
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Pocas cosas producen tanta suspicacia como una encuesta interna que confirma exactamente lo que su patrocinador esperaba. Esta semana Morena "abrió" sus números y reveló, con cara de asombro genuino, que el exfiscal Torres Piña le gana al senador Raúl Morón en conocimiento, opinión positiva, atributos e idoneidad como eventual abanderado de la coalición oficialista. En todo. No en un rubro ni en dos: en la baraja completa.
Hay que reconocer el mérito dramático del anuncio. "Abrir" las encuestas propias sugiere transparencia, valentía, casa de cristal. Pero abrir tu propia encuesta y sorprenderte con el resultado es como destapar la olla que tú mismo sazonaste y exclamar que, oh casualidad, sabe a lo que le echaste. El hallazgo científico del año: el que ordena el estudio suele salir bien en el estudio.
No insinuamos nada indebido —las metodologías, faltaba más, serán impecables—; simplemente celebramos la puntería del universo. De todas las combinaciones posibles, la realidad decidió acomodarse justo en la que le convenía al que pagó la impresión. Si la fortuna sonriera así en los billetes de lotería, en Michoacán ya seríamos todos millonarios.
El detalle sabroso es el mensaje entre líneas: cuando un partido difunde que su carta ya va arriba, no está informando, está ungiendo. La encuesta deja de ser termómetro y se vuelve bendición, ese acto tan mexicano de anunciar al ganador antes de la contienda para que la contienda entienda que ya no es contienda. A Morón, mientras tanto, le queda el consuelo de saber que existe otra encuesta en algún cajón esperando su turno de "abrirse".
Falta lo mejor: que llegue el día de la elección de verdad, esa encuesta salvaje que nadie ordena y que a veces —crueldad de las urnas— no coincide con la de la casa. Ahí veremos si el resultado sigue tan abierto o si, como suele pasar, alguien pide una aclaración.
Hay que reconocer el mérito dramático del anuncio. "Abrir" las encuestas propias sugiere transparencia, valentía, casa de cristal. Pero abrir tu propia encuesta y sorprenderte con el resultado es como destapar la olla que tú mismo sazonaste y exclamar que, oh casualidad, sabe a lo que le echaste. El hallazgo científico del año: el que ordena el estudio suele salir bien en el estudio.
No insinuamos nada indebido —las metodologías, faltaba más, serán impecables—; simplemente celebramos la puntería del universo. De todas las combinaciones posibles, la realidad decidió acomodarse justo en la que le convenía al que pagó la impresión. Si la fortuna sonriera así en los billetes de lotería, en Michoacán ya seríamos todos millonarios.
El detalle sabroso es el mensaje entre líneas: cuando un partido difunde que su carta ya va arriba, no está informando, está ungiendo. La encuesta deja de ser termómetro y se vuelve bendición, ese acto tan mexicano de anunciar al ganador antes de la contienda para que la contienda entienda que ya no es contienda. A Morón, mientras tanto, le queda el consuelo de saber que existe otra encuesta en algún cajón esperando su turno de "abrirse".
Falta lo mejor: que llegue el día de la elección de verdad, esa encuesta salvaje que nadie ordena y que a veces —crueldad de las urnas— no coincide con la de la casa. Ahí veremos si el resultado sigue tan abierto o si, como suele pasar, alguien pide una aclaración.