Crónica de una capital que confisca figuritas mientras el peso se derrite
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Amaneció la Ciudad de México como amanece siempre: con el Valle cubierto de una neblina que unos llaman contaminación y otros, optimismo. Y mientras el resto del país discutía su nacionalidad, aquí la única identidad que perdió valor de golpe fue la del peso.
El dólar volvió a rebasar los 18 pesos por segundo día consecutivo y, según Banxico, la moneda nacional borró por completo lo que había ganado en todo 2026. Es decir: nueve meses de esfuerzo cambiario evaporados en un par de sesiones, con la elegancia de quien tira a la basura un boleto de rifa que sí había ganado. Los analistas lo atribuyen a las tasas en Estados Unidos y a las tensiones en Medio Oriente, dos asuntos sobre los que el chilango promedio tiene exactamente el mismo control que sobre el tráfico de Periférico un viernes de quincena.
Buen momento, entonces, para enterarse de que comprar un departamento de una recámara de 40 metros cuadrados en la capital cuesta poco más de 2.3 millones de pesos, y que quien gana el salario mínimo tendría que ahorrar su ingreso completo —sin comer, sin Metro, sin nada— durante 20 años y siete meses. La buena noticia es que el precio “se enfría”. La mala es que se enfría como se enfría un tamal olvidado: sigue siendo inalcanzable, solo que ya nadie lo quiere.
En el terreno cívico, el Senado aprobó que a partir de 2028 quien aspire a la Presidencia, a una gubernatura o a la Jefatura de Gobierno tenga una sola nacionalidad, y varios congresos —Tamaulipas, la propia Ciudad de México— corrieron a ratificar con una velocidad que ya quisiéramos para el bacheo. El mensaje quedó claro: puedes tener dos casas, dos coches y dos discursos, pero dos pasaportes ya es exceso de equipaje moral.
Mientras tanto, el Instituto Electoral capitalino detectó que de 17 encuestas que circulan en redes anunciando tendencias, 16 no publican su metodología. Traducido: la enorme mayoría de los sondeos que le dicen quién va ganando en su alcaldía se elaboraron con el mismo rigor científico que un horóscopo, pero sin la decencia de recomendarle no firmar documentos hoy.
La seguridad tampoco descansó. La Marina, la SSC y el IMPI entraron a la Friki Plaza, al Fan Center y a la plaza Meave y aseguraron 477 piezas —videojuegos, consolas y figuras coleccionables— valuadas en más de un millón 264 mil pesos. Uno imagina el despliegue: fuerzas del Estado rodeando un pasillo para rescatar de la piratería a un muñequito que no cotiza en la Bolsa. Y resulta reconfortante, porque la misma Fiscalía General de la República acaba de colocar a la capital entre las siete entidades con más organizaciones delictivas activas del país. Da tranquilidad saber que el crimen tiembla ante la incautación de un llavero apócrifo.
De eso, claro, la autoridad preferiría hablar poco. El secretario de Metrópolis ya nos enseñó cómo se hace: calificó de “debate innecesario” las críticas al programa de ordenación de la Zona Metropolitana. Nada tranquiliza más a un ciudadano que le informen que su preocupación es innecesaria; es el equivalente urbanístico del “no eres tú, soy yo”. Aclaró que no se modificarán usos de suelo, no subirán impuestos y no se violará la propiedad privada. Faltó únicamente que agregara “confíen en mí” para completar la trilogía del terror.
En la grilla, el líder capitalino del Verde aseguró que su partido tiene fuerza para ir solo en Tlalpan, Tláhuac y Xochimilco, y prometió en esta última “grandes sorpresas y grandes enojos”. Es la primera vez que un político hace campaña ofreciendo enojos como si fueran obra pública. Al menos es honesto: pocos candidatos incluyen el berrinche en su plataforma antes de perder.
Y para cerrar con optimismo estadístico: la OCDE reporta tres millones de jóvenes en México que ni estudian ni trabajan, cifra que creció 19% pese a que los apoyos educativos aumentaron casi 63 mil millones de pesos. Un misterio digno del mejor sondeo sin metodología.
Así amaneció la capital: con el peso en oferta, la vivienda en el reino de la fantasía, las encuestas en el terreno de la fe y las autoridades confiscando figuritas. Todo bajo control, dirían en Metrópolis. Debate innecesario.
El dólar volvió a rebasar los 18 pesos por segundo día consecutivo y, según Banxico, la moneda nacional borró por completo lo que había ganado en todo 2026. Es decir: nueve meses de esfuerzo cambiario evaporados en un par de sesiones, con la elegancia de quien tira a la basura un boleto de rifa que sí había ganado. Los analistas lo atribuyen a las tasas en Estados Unidos y a las tensiones en Medio Oriente, dos asuntos sobre los que el chilango promedio tiene exactamente el mismo control que sobre el tráfico de Periférico un viernes de quincena.
Buen momento, entonces, para enterarse de que comprar un departamento de una recámara de 40 metros cuadrados en la capital cuesta poco más de 2.3 millones de pesos, y que quien gana el salario mínimo tendría que ahorrar su ingreso completo —sin comer, sin Metro, sin nada— durante 20 años y siete meses. La buena noticia es que el precio “se enfría”. La mala es que se enfría como se enfría un tamal olvidado: sigue siendo inalcanzable, solo que ya nadie lo quiere.
En el terreno cívico, el Senado aprobó que a partir de 2028 quien aspire a la Presidencia, a una gubernatura o a la Jefatura de Gobierno tenga una sola nacionalidad, y varios congresos —Tamaulipas, la propia Ciudad de México— corrieron a ratificar con una velocidad que ya quisiéramos para el bacheo. El mensaje quedó claro: puedes tener dos casas, dos coches y dos discursos, pero dos pasaportes ya es exceso de equipaje moral.
Mientras tanto, el Instituto Electoral capitalino detectó que de 17 encuestas que circulan en redes anunciando tendencias, 16 no publican su metodología. Traducido: la enorme mayoría de los sondeos que le dicen quién va ganando en su alcaldía se elaboraron con el mismo rigor científico que un horóscopo, pero sin la decencia de recomendarle no firmar documentos hoy.
La seguridad tampoco descansó. La Marina, la SSC y el IMPI entraron a la Friki Plaza, al Fan Center y a la plaza Meave y aseguraron 477 piezas —videojuegos, consolas y figuras coleccionables— valuadas en más de un millón 264 mil pesos. Uno imagina el despliegue: fuerzas del Estado rodeando un pasillo para rescatar de la piratería a un muñequito que no cotiza en la Bolsa. Y resulta reconfortante, porque la misma Fiscalía General de la República acaba de colocar a la capital entre las siete entidades con más organizaciones delictivas activas del país. Da tranquilidad saber que el crimen tiembla ante la incautación de un llavero apócrifo.
De eso, claro, la autoridad preferiría hablar poco. El secretario de Metrópolis ya nos enseñó cómo se hace: calificó de “debate innecesario” las críticas al programa de ordenación de la Zona Metropolitana. Nada tranquiliza más a un ciudadano que le informen que su preocupación es innecesaria; es el equivalente urbanístico del “no eres tú, soy yo”. Aclaró que no se modificarán usos de suelo, no subirán impuestos y no se violará la propiedad privada. Faltó únicamente que agregara “confíen en mí” para completar la trilogía del terror.
En la grilla, el líder capitalino del Verde aseguró que su partido tiene fuerza para ir solo en Tlalpan, Tláhuac y Xochimilco, y prometió en esta última “grandes sorpresas y grandes enojos”. Es la primera vez que un político hace campaña ofreciendo enojos como si fueran obra pública. Al menos es honesto: pocos candidatos incluyen el berrinche en su plataforma antes de perder.
Y para cerrar con optimismo estadístico: la OCDE reporta tres millones de jóvenes en México que ni estudian ni trabajan, cifra que creció 19% pese a que los apoyos educativos aumentaron casi 63 mil millones de pesos. Un misterio digno del mejor sondeo sin metodología.
Así amaneció la capital: con el peso en oferta, la vivienda en el reino de la fantasía, las encuestas en el terreno de la fe y las autoridades confiscando figuritas. Todo bajo control, dirían en Metrópolis. Debate innecesario.