Operativo de alto impacto: cae una banda de figuritas coleccionables
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Duerma tranquila, ciudad: la Marina, la Secretaría de Seguridad Ciudadana y el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial entraron a la Friki Plaza, al Fan Center y a la plaza Meave, en el Centro Histórico, y aseguraron 477 piezas entre videojuegos, consolas, accesorios y figuras coleccionables, con un valor estimado en un millón 264 mil 900 pesos. El crimen no descansa, y la piratería de muñequitos tampoco.
Uno lee “operativo conjunto de autoridades federales y capitalinas con participación de la Marina” e imagina lo peor: una bodega blindada, lanchas, un cerco. Y luego llega el desenlace: un despliegue de fuerzas del Estado mexicano para rescatar del comercio ilícito a un muñequito que no cotiza en la Bolsa, cuya única infracción es no venir con certificado de autenticidad.
Que conste: la propiedad intelectual existe, los derechos de autor importan y las marcas tienen razones legítimas para defenderse. Todo eso es cierto. Pero hay algo profundamente capitalino en la escena: la misma ciudad que aparece en los reportes de la Fiscalía federal entre las entidades con más grupos criminales activos moviliza recursos para incautar accesorios de consola en un pasillo donde huele a incienso y a garnacha.
Es una cuestión de prioridades, y las prioridades, como el dólar, cambian todos los días. Hoy tocó la Friki Plaza. Mañana, quién sabe; quizá un puesto de discos quemados, esa reliquia arqueológica que sobrevive como los axolotes.
Los comerciantes, mientras tanto, harán lo que siempre han hecho en el Centro: guardar, esperar, reabrir. La Friki Plaza lleva décadas siendo el santuario de lo apócrifo asequible, el lugar donde quien no puede pagar el original consigue algo que se le parece lo suficiente para ser feliz un rato. Incautarle 477 piezas es como vaciar una cubeta del mar con una cuchara: técnicamente es una acción, estadísticamente es una anécdota.
Pero quedará en el reporte, y el reporte quedará en la conferencia, y la conferencia dirá “resultados”. Y en esta ciudad, a veces, el resultado es el operativo mismo. La figurita, apócrifa o no, era lo de menos.
Uno lee “operativo conjunto de autoridades federales y capitalinas con participación de la Marina” e imagina lo peor: una bodega blindada, lanchas, un cerco. Y luego llega el desenlace: un despliegue de fuerzas del Estado mexicano para rescatar del comercio ilícito a un muñequito que no cotiza en la Bolsa, cuya única infracción es no venir con certificado de autenticidad.
Que conste: la propiedad intelectual existe, los derechos de autor importan y las marcas tienen razones legítimas para defenderse. Todo eso es cierto. Pero hay algo profundamente capitalino en la escena: la misma ciudad que aparece en los reportes de la Fiscalía federal entre las entidades con más grupos criminales activos moviliza recursos para incautar accesorios de consola en un pasillo donde huele a incienso y a garnacha.
Es una cuestión de prioridades, y las prioridades, como el dólar, cambian todos los días. Hoy tocó la Friki Plaza. Mañana, quién sabe; quizá un puesto de discos quemados, esa reliquia arqueológica que sobrevive como los axolotes.
Los comerciantes, mientras tanto, harán lo que siempre han hecho en el Centro: guardar, esperar, reabrir. La Friki Plaza lleva décadas siendo el santuario de lo apócrifo asequible, el lugar donde quien no puede pagar el original consigue algo que se le parece lo suficiente para ser feliz un rato. Incautarle 477 piezas es como vaciar una cubeta del mar con una cuchara: técnicamente es una acción, estadísticamente es una anécdota.
Pero quedará en el reporte, y el reporte quedará en la conferencia, y la conferencia dirá “resultados”. Y en esta ciudad, a veces, el resultado es el operativo mismo. La figurita, apócrifa o no, era lo de menos.