La liga de las inversiones históricas: los alcaldes de Nuevo León compiten por ver quién presume más
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Septiembre trajo lluvias, frente frío y, sobre todo, la disciplina deportiva favorita de la clase política neolonesa: el segundo informe de gobierno. Este año la competencia estuvo tan reñida que faltó poco para que le pusieran patrocinador y transmisión en vivo.
En Apodaca, César Garza se lanzó al ataque con una cifra pensada para dejar mudos a los contrincantes: una inversión de 2 mil millones de dólares en obra pública, que —lo dijo él mismo, no vaya a haber malentendidos— lo consagra como el alcalde que más recursos ha destinado a ese rubro en la historia. Dólares, ojo, no pesos. Cuando uno va a presumir, presume en divisa fuerte.
No se quedó atrás Monterrey, donde Adrián de la Garza reportó más de 2 mil 300 millones de pesos de inversión pública, obras viales, fortalecimiento policial y recuperación de espacios. En San Pedro, Mauricio Farah eligió la ruta emotiva: participación ciudadana y más de 100 millones de pesos de presupuesto participativo, porque cuando no puedes ganar por monto, ganas por cercanía. Y en Juárez, Mónica Oyervides jugó la carta más difícil de refutar en un templete: «Orden y Corazón», con una reducción del 80 por ciento en homicidios como argumento estelar.
Cada quien con su superlativo. Uno tiene la inversión más histórica, otro la más cuantiosa, otro la más participativa, otra la más ordenada y de mayor corazón. Si uno junta todos los informes de la semana, Nuevo León debería ser, en teoría, el paraíso terrenal: seguro, pavimentado, iluminado y con presupuesto de sobra. Curiosamente, los mismos ciudadanos que escuchan estas cifras siguen reportando banquetas bloqueadas por escombro, fugas de aguas negras frente a escuelas y ramas tiradas desde hace tres meses. Pequeños detalles que, por alguna razón, no alcanzaron templete.
En El Destiempo no dudamos de ninguna cifra —todas fueron dichas en público y con orgullo—, solo observamos que la temporada de informes es el único torneo donde todos los equipos anuncian que quedaron campeones. El problema es que el árbitro final no está en el auditorio: vive en la colonia, camina la banqueta y todavía espera que alguna de esas inversiones históricas le llegue a la esquina.
En Apodaca, César Garza se lanzó al ataque con una cifra pensada para dejar mudos a los contrincantes: una inversión de 2 mil millones de dólares en obra pública, que —lo dijo él mismo, no vaya a haber malentendidos— lo consagra como el alcalde que más recursos ha destinado a ese rubro en la historia. Dólares, ojo, no pesos. Cuando uno va a presumir, presume en divisa fuerte.
No se quedó atrás Monterrey, donde Adrián de la Garza reportó más de 2 mil 300 millones de pesos de inversión pública, obras viales, fortalecimiento policial y recuperación de espacios. En San Pedro, Mauricio Farah eligió la ruta emotiva: participación ciudadana y más de 100 millones de pesos de presupuesto participativo, porque cuando no puedes ganar por monto, ganas por cercanía. Y en Juárez, Mónica Oyervides jugó la carta más difícil de refutar en un templete: «Orden y Corazón», con una reducción del 80 por ciento en homicidios como argumento estelar.
Cada quien con su superlativo. Uno tiene la inversión más histórica, otro la más cuantiosa, otro la más participativa, otra la más ordenada y de mayor corazón. Si uno junta todos los informes de la semana, Nuevo León debería ser, en teoría, el paraíso terrenal: seguro, pavimentado, iluminado y con presupuesto de sobra. Curiosamente, los mismos ciudadanos que escuchan estas cifras siguen reportando banquetas bloqueadas por escombro, fugas de aguas negras frente a escuelas y ramas tiradas desde hace tres meses. Pequeños detalles que, por alguna razón, no alcanzaron templete.
En El Destiempo no dudamos de ninguna cifra —todas fueron dichas en público y con orgullo—, solo observamos que la temporada de informes es el único torneo donde todos los equipos anuncian que quedaron campeones. El problema es que el árbitro final no está en el auditorio: vive en la colonia, camina la banqueta y todavía espera que alguna de esas inversiones históricas le llegue a la esquina.