El Senado aprueba la Ley antimemes y aclara, muy serio, que no le teme a nuestras bromas
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Hay leyes que nacen con nombre de telenovela y esta es una de ellas. El Senado sacó adelante, con 72 votos a favor y 34 en contra, una reforma a la Ley Federal de Protección Industrial que ya hasta apodo tiene: la Ley antimemes. Y, fiel a la costumbre nacional, apenas la aprobaron salieron corriendo a jurar que esto no es censura, que para nada, que cómo se les ocurre.
Uno quisiera creerles. De verdad. Pero ocurre que, en paralelo, camina otra reforma, la de derechos de autor, sobre la cual Artículo 19 y la propia oposición advierten que podría agravar la censura y el monitoreo en internet, y servir, oh casualidad, para inhibir la crítica gráfica y el humor político. Es decir: por un lado el meme, por el otro el monitoreo, y en medio una clase política que se ofende si uno ata los cabos que ellos mismos dejaron sueltos.
El detalle delicioso es la susceptibilidad. Hace falta un nivel notable de piel finita para que todo un Senado dedique una tarde de acalorado debate a blindarse contra una imagen con letras blancas. Porque eso es un meme, señores senadores: una foto suya y una verdad incómoda escrita con la tipografía que viene por default. Si el chiste pega es porque algo de cierto cargaba.
Nosotros, que vivimos literalmente de hacer mofa de los dichos públicos, recibimos la noticia con un nudo en la garganta y otro en la carcajada. Prometemos acatar la ley al pie de la letra: seguiremos sin inventar hechos, sin difamar a nadie, y burlándonos únicamente de lo que ustedes dicen en micrófono abierto y por voluntad propia. Si eso ya es delito, que nos avisen, aunque sea de oídas, como se entera de todo el gobierno últimamente.
La minuta se fue a la Cámara de Diputados. Ahí veremos si el humor mexicano, ese que ha sobrevivido a virreyes, dictaduras y a décadas de programación televisiva, se deja domar por una reforma con nombre de hashtag. Pronóstico de la casa: no. Este pueblo le hizo corridos a sus tiranos y caricaturas a sus santos. Un articulito no lo va a callar; a lo mucho, lo va a inspirar.
Uno quisiera creerles. De verdad. Pero ocurre que, en paralelo, camina otra reforma, la de derechos de autor, sobre la cual Artículo 19 y la propia oposición advierten que podría agravar la censura y el monitoreo en internet, y servir, oh casualidad, para inhibir la crítica gráfica y el humor político. Es decir: por un lado el meme, por el otro el monitoreo, y en medio una clase política que se ofende si uno ata los cabos que ellos mismos dejaron sueltos.
El detalle delicioso es la susceptibilidad. Hace falta un nivel notable de piel finita para que todo un Senado dedique una tarde de acalorado debate a blindarse contra una imagen con letras blancas. Porque eso es un meme, señores senadores: una foto suya y una verdad incómoda escrita con la tipografía que viene por default. Si el chiste pega es porque algo de cierto cargaba.
Nosotros, que vivimos literalmente de hacer mofa de los dichos públicos, recibimos la noticia con un nudo en la garganta y otro en la carcajada. Prometemos acatar la ley al pie de la letra: seguiremos sin inventar hechos, sin difamar a nadie, y burlándonos únicamente de lo que ustedes dicen en micrófono abierto y por voluntad propia. Si eso ya es delito, que nos avisen, aunque sea de oídas, como se entera de todo el gobierno últimamente.
La minuta se fue a la Cámara de Diputados. Ahí veremos si el humor mexicano, ese que ha sobrevivido a virreyes, dictaduras y a décadas de programación televisiva, se deja domar por una reforma con nombre de hashtag. Pronóstico de la casa: no. Este pueblo le hizo corridos a sus tiranos y caricaturas a sus santos. Un articulito no lo va a callar; a lo mucho, lo va a inspirar.