El tequila que reprueba todos los exámenes menos el de inspección
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Hay productos que pasan controles de calidad. El tequila adulterado de Guanajuato, en cambio, pasa de largo. Esta semana Irapuato registró un posible caso de intoxicación por una botella supuestamente apócrifa, calcado al que ocurrió en Salamanca, donde el común denominador es el mismo: una botella de marca conocida que, según la autoridad sanitaria, podría no ser lo que dice la etiqueta. El secretario de Salud aclaró que el caso aún no está confirmado y que se desconoce la procedencia. Es decir: sabemos que la persona se intoxicó, sabemos que fue alcohol, pero la botella ejerce su derecho a guardar silencio.
El dato que merece marco dorado es el otro: el mismo funcionario presumió más de 500 acciones de visitas a establecimientos en lo que va del año para detectar venta irregular de bebidas. Quinientas. Una cifra heroica que se topa con una realidad incómoda: el tequila tramposo sigue brindando con la ciudadanía. Uno imagina al inspector entrando al changarro, mirando la botella, preguntando '¿es legal?', recibiendo un 'sí jefe' y anotando palomita en su libreta de 500 victorias. Cinco centenares de visitas y el aguardiente clandestino conserva su licencia para arruinar fiestas.
El problema no es menor ni gracioso en el fondo: hablamos de gente que termina en el hospital por confiar en una etiqueta. Lo satírico es la coreografía oficial: primero la intoxicación, luego el 'no tenemos más evidencia que la clínica', después el recuento de visitas que, evidentemente, no están cayendo donde duele. En un estado que espera 1.8 millones de turistas este verano, convendría que la inspección dejara de ser un trámite de fe y empezara a ser una de pruebas. Porque si las 500 visitas fueran tan efectivas como anunciadas, no estaríamos contando casos en dos municipios distintos con la misma marca de protagonista. Salud, pero con la botella bien revisada.
El dato que merece marco dorado es el otro: el mismo funcionario presumió más de 500 acciones de visitas a establecimientos en lo que va del año para detectar venta irregular de bebidas. Quinientas. Una cifra heroica que se topa con una realidad incómoda: el tequila tramposo sigue brindando con la ciudadanía. Uno imagina al inspector entrando al changarro, mirando la botella, preguntando '¿es legal?', recibiendo un 'sí jefe' y anotando palomita en su libreta de 500 victorias. Cinco centenares de visitas y el aguardiente clandestino conserva su licencia para arruinar fiestas.
El problema no es menor ni gracioso en el fondo: hablamos de gente que termina en el hospital por confiar en una etiqueta. Lo satírico es la coreografía oficial: primero la intoxicación, luego el 'no tenemos más evidencia que la clínica', después el recuento de visitas que, evidentemente, no están cayendo donde duele. En un estado que espera 1.8 millones de turistas este verano, convendría que la inspección dejara de ser un trámite de fe y empezara a ser una de pruebas. Porque si las 500 visitas fueran tan efectivas como anunciadas, no estaríamos contando casos en dos municipios distintos con la misma marca de protagonista. Salud, pero con la botella bien revisada.