La Presidenta se entera de los asuntos de Estado como nosotros: por el chisme del tío
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Imagine usted que es la jefa del Estado mexicano, con sus secretarías, sus servicios de inteligencia, su gabinete de seguridad y su conferencia mañanera. Y que un día le preguntan por un reportaje del New York Times, ni un volante del tianguis, el New York Times, que afirma que dos agencias de Estados Unidos revisan presuntos vínculos del hijo del expresidente con el crimen organizado y el contrabando de combustible. ¿Qué responde? Pues lo más natural del mundo: que no está confirmado, que no hay investigación formal, y la joya de la corona, que me dijeron que a lo mejor hay unas agencias que están investigando.
Me dijeron. A lo mejor. Dos adverbios y un verbo en pasado que resumen el método de gobierno del momento: enterarse de las cosas más o menos cuando se entera el resto de los mortales, es decir, leyendo el periódico y haciéndole caso al rumor. Cuando le insistieron si la Fiscalía indaga el tema, remató con el que yo sepa, no que ya merece placa conmemorativa.
Entendámonos: nadie le pide a la Presidenta que prejuzgue ni que invente culpables. Faltaba más. El reportaje mismo aclara que no existe investigación formal, y eso hay que decirlo con todas sus letras. Pero hay una diferencia abismal entre no comento una indagatoria en curso, respuesta de estadista, y me contaron que quizá, que es respuesta de vecina asomada por la ventana.
Lo sabroso es el contraste. A dos años de gobierno, mientras los analistas debaten si esta administración tendrá algún legado, la casa presidencial perfecciona el arte de no darse por enterada. Hay quien pide perseguir de oficio; aquí, por lo visto, se gobierna de oídas. Y uno se pregunta: si de las andanzas del círculo íntimo del poder la Presidenta se entera por terceros, ¿de qué más nos estaremos enterando todos al mismo tiempo, en bola, como quien ve pasar el huracán desde el malecón?
Quedamos a la espera de que la Fiscalía, algún día, informe. Nosotros, por lo pronto, ya nos enteramos. Por el periódico. Igual que la jefa.
Me dijeron. A lo mejor. Dos adverbios y un verbo en pasado que resumen el método de gobierno del momento: enterarse de las cosas más o menos cuando se entera el resto de los mortales, es decir, leyendo el periódico y haciéndole caso al rumor. Cuando le insistieron si la Fiscalía indaga el tema, remató con el que yo sepa, no que ya merece placa conmemorativa.
Entendámonos: nadie le pide a la Presidenta que prejuzgue ni que invente culpables. Faltaba más. El reportaje mismo aclara que no existe investigación formal, y eso hay que decirlo con todas sus letras. Pero hay una diferencia abismal entre no comento una indagatoria en curso, respuesta de estadista, y me contaron que quizá, que es respuesta de vecina asomada por la ventana.
Lo sabroso es el contraste. A dos años de gobierno, mientras los analistas debaten si esta administración tendrá algún legado, la casa presidencial perfecciona el arte de no darse por enterada. Hay quien pide perseguir de oficio; aquí, por lo visto, se gobierna de oídas. Y uno se pregunta: si de las andanzas del círculo íntimo del poder la Presidenta se entera por terceros, ¿de qué más nos estaremos enterando todos al mismo tiempo, en bola, como quien ve pasar el huracán desde el malecón?
Quedamos a la espera de que la Fiscalía, algún día, informe. Nosotros, por lo pronto, ya nos enteramos. Por el periódico. Igual que la jefa.