Monte de Piedad levanta la huelga justo un día antes del aniversario: eso es tener puntería
Tamaño de letra
Si algo hay que reconocerle al Nacional Monte de Piedad es el sentido de la ocasión. Después de mantener cerradas alrededor de 300 sucursales durante casi doce meses, el patronato y el sindicato llegaron a un acuerdo para terminar la huelga exactamente un día antes de que el conflicto cumpliera su primer añito redondo. Un año menos un día. Ni los guionistas de telenovela calculan así los finales.
Recordemos el tamaño de la hazaña: la institución de préstamo prendario más emblemática del país, esa a la que acuden las familias precisamente cuando ya no hay de otra, se dio el lujo de mantener bajo llave el patrimonio de miles de mexicanos durante un año. El reloj de la abuela, la cadenita de la primera comunión, las herramientas con las que alguien se gana la vida: todo resguardado mientras arriba se discutía quién tenía la razón. La casa de empeño, empeñada en su propia huelga.
Pero no sean malpensados: reabren el 7 de octubre y, atención, con beneficios. Qué generosos. Primero te dejan un año sin acceso a tus propias cosas y luego te extienden facilidades para que regularices, como si el favor te lo estuvieran haciendo a ti. Es el equivalente a que te pisen el pie doce meses y, al quitarse, te ofrezcan descuento en curitas.
La Secretaría del Trabajo coordinó los diálogos y por fin hubo humo blanco. Celebramos, de verdad y sin ironía, que los trabajadores hayan resuelto sus demandas; esa parte es justa. Lo que no deja de asombrar es el modelo: una institución fundada para auxiliar al que trae prisa económica se tomó un año entero para resolver su prisa interna. Entre la emergencia del cliente y la calma del patronato hubo doce meses de distancia.
Así que ya saben: del 7 en adelante vuelven a subir las cortinas. Lleven paciencia, lleven papeles y, sobre todo, lleven memoria, que esa no la aceptan en prenda, pero conviene no perderla.
Recordemos el tamaño de la hazaña: la institución de préstamo prendario más emblemática del país, esa a la que acuden las familias precisamente cuando ya no hay de otra, se dio el lujo de mantener bajo llave el patrimonio de miles de mexicanos durante un año. El reloj de la abuela, la cadenita de la primera comunión, las herramientas con las que alguien se gana la vida: todo resguardado mientras arriba se discutía quién tenía la razón. La casa de empeño, empeñada en su propia huelga.
Pero no sean malpensados: reabren el 7 de octubre y, atención, con beneficios. Qué generosos. Primero te dejan un año sin acceso a tus propias cosas y luego te extienden facilidades para que regularices, como si el favor te lo estuvieran haciendo a ti. Es el equivalente a que te pisen el pie doce meses y, al quitarse, te ofrezcan descuento en curitas.
La Secretaría del Trabajo coordinó los diálogos y por fin hubo humo blanco. Celebramos, de verdad y sin ironía, que los trabajadores hayan resuelto sus demandas; esa parte es justa. Lo que no deja de asombrar es el modelo: una institución fundada para auxiliar al que trae prisa económica se tomó un año entero para resolver su prisa interna. Entre la emergencia del cliente y la calma del patronato hubo doce meses de distancia.
Así que ya saben: del 7 en adelante vuelven a subir las cortinas. Lleven paciencia, lleven papeles y, sobre todo, lleven memoria, que esa no la aceptan en prenda, pero conviene no perderla.