La refinería que bebe por todos nosotros
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Hay vecinos que abren la llave y sale un chisguete con aspiraciones de regadera. Hay colonias que organizan su semana alrededor de la pipa. Y luego está la refinería de Pemex en Salamanca, que según CMAPAS se bebe más de 700 litros por segundo: hasta 1.75 veces lo que consume TODA la mancha urbana salmantina, que apenas araña los 430.
Léase despacio, porque el número no cabe en la cubeta. Una sola instalación le gana en consumo a la ciudad completa —todas las casas, todos los baños, todas las lavadoras, todos los puestos de carnitas del domingo— y le gana por mucho. Si Salamanca entera fuera a una fiesta y Pemex llegara de invitado, se acabaría el agua del garrafón antes de que sirvieran el pastel, y encima pediría para llevar.
Lo mejor es el contexto: mientras tanto, el estado y Conagua 'estudian alternativas' y no descartan 'incluso una nueva presa' para calmar la sed del Bajío. Perfecto. Vamos a construir una presa nueva, con su inversión, su socialización y sus años de obra, para seguir alimentando a una refinería que bebe como si el acuífero fuera de cortesía. Es como comprar un refri más grande porque el inquilino del cuarto de atrás no deja de vaciarlo.
Que quede claro: nadie pide que la refinería cierre la llave y pare la producción. Pero tampoco estaría de más que, cuando toque repartir el racionamiento, alguien se acuerde de que el mayor 'vecino' de Salamanca nunca aparece en la lista de los que le bajan al consumo. Aquí a todos nos piden cerrar la llave mientras nos cepillamos los dientes; a Pemex, por lo visto, le pusimos barra libre.
Salamanca racionada, la refinería hidratada. Y nosotros, aprendiendo que en el Bajío el agua sí alcanza: nomás que no para todos por igual.
Léase despacio, porque el número no cabe en la cubeta. Una sola instalación le gana en consumo a la ciudad completa —todas las casas, todos los baños, todas las lavadoras, todos los puestos de carnitas del domingo— y le gana por mucho. Si Salamanca entera fuera a una fiesta y Pemex llegara de invitado, se acabaría el agua del garrafón antes de que sirvieran el pastel, y encima pediría para llevar.
Lo mejor es el contexto: mientras tanto, el estado y Conagua 'estudian alternativas' y no descartan 'incluso una nueva presa' para calmar la sed del Bajío. Perfecto. Vamos a construir una presa nueva, con su inversión, su socialización y sus años de obra, para seguir alimentando a una refinería que bebe como si el acuífero fuera de cortesía. Es como comprar un refri más grande porque el inquilino del cuarto de atrás no deja de vaciarlo.
Que quede claro: nadie pide que la refinería cierre la llave y pare la producción. Pero tampoco estaría de más que, cuando toque repartir el racionamiento, alguien se acuerde de que el mayor 'vecino' de Salamanca nunca aparece en la lista de los que le bajan al consumo. Aquí a todos nos piden cerrar la llave mientras nos cepillamos los dientes; a Pemex, por lo visto, le pusimos barra libre.
Salamanca racionada, la refinería hidratada. Y nosotros, aprendiendo que en el Bajío el agua sí alcanza: nomás que no para todos por igual.