Gracias por avisar: la corrupción murió y nadie organizó el velorio
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Desde su quinta en Palenque, Chiapas —ese set natural donde la selva hace de fondo y el pueblo queda convenientemente del otro lado de la reja—, el expresidente Andrés Manuel López Obrador reapareció en un video para dos cosas: presentar su nuevo libro, titulado "Pueblo", y notificarnos, con la calma del que no hace fila en ninguna ventanilla, que "digan lo que digan, se acabó la corrupción en México".
Y uno, que creía andar distraído, resulta que se perdió el funeral. Porque si la corrupción murió, lo hizo en silencio, sin esquela, sin nueve días de rosario y sin que ningún trámite se agilizara milagrosamente. En Michoacán ni nos avisaron: seguimos empeñando cosas, haciendo colas y escuchando que "ya quedó" cuando nada ha quedado. Habría estado bien una notificación oficial, aunque fuera por las benditas redes.
Ah, las redes. Aquí viene el segundo acto. El mismo señor que las bautizó "benditas" por romper el cerco mediático hoy nos informa que están "controladas" y "tomadas" por los hombres más ricos del mundo. Es decir: eran la voz del pueblo mientras le aplaudían y se volvieron instrumento de los oligarcas justo cuando empezaron a responderle. Hermoso arco narrativo. Lástima que la plataforma no venga con botón de "deshacer" para quienes la usaron de púlpito durante seis años.
El video, como manda la costumbre, dedicó la mayor parte del tiempo a un "resumen" —léase mini informe— del mandato 2018-2024, por si alguien ya lo extrañaba o, peor, por si alguien ya lo había olvidado. Nada como presentar un libro llamado "Pueblo" desde una propiedad privada rodeada de barda: la ironía escribe sola y no cobra regalías.
Que conste: nadie discute el derecho a escribir libros ni a opinar desde el retiro. Lo que pedimos, modestamente, desde esta provincia que todavía respira polvo de verdad, es congruencia de calendario. Si la corrupción ya se acabó, que alguien le avise a las ventanillas, a los padrones y a los presupuestos que no se enteraron. Y si las redes ya están tomadas, que nos devuelvan al menos la bendición original, que era gratis.
Mientras tanto, compraremos "Pueblo" —o lo pediremos prestado, que para eso somos pueblo— y seguiremos aquí, digan lo que digan, esperando la segunda parte: el instructivo para notar la diferencia.
Y uno, que creía andar distraído, resulta que se perdió el funeral. Porque si la corrupción murió, lo hizo en silencio, sin esquela, sin nueve días de rosario y sin que ningún trámite se agilizara milagrosamente. En Michoacán ni nos avisaron: seguimos empeñando cosas, haciendo colas y escuchando que "ya quedó" cuando nada ha quedado. Habría estado bien una notificación oficial, aunque fuera por las benditas redes.
Ah, las redes. Aquí viene el segundo acto. El mismo señor que las bautizó "benditas" por romper el cerco mediático hoy nos informa que están "controladas" y "tomadas" por los hombres más ricos del mundo. Es decir: eran la voz del pueblo mientras le aplaudían y se volvieron instrumento de los oligarcas justo cuando empezaron a responderle. Hermoso arco narrativo. Lástima que la plataforma no venga con botón de "deshacer" para quienes la usaron de púlpito durante seis años.
El video, como manda la costumbre, dedicó la mayor parte del tiempo a un "resumen" —léase mini informe— del mandato 2018-2024, por si alguien ya lo extrañaba o, peor, por si alguien ya lo había olvidado. Nada como presentar un libro llamado "Pueblo" desde una propiedad privada rodeada de barda: la ironía escribe sola y no cobra regalías.
Que conste: nadie discute el derecho a escribir libros ni a opinar desde el retiro. Lo que pedimos, modestamente, desde esta provincia que todavía respira polvo de verdad, es congruencia de calendario. Si la corrupción ya se acabó, que alguien le avise a las ventanillas, a los padrones y a los presupuestos que no se enteraron. Y si las redes ya están tomadas, que nos devuelvan al menos la bendición original, que era gratis.
Mientras tanto, compraremos "Pueblo" —o lo pediremos prestado, que para eso somos pueblo— y seguiremos aquí, digan lo que digan, esperando la segunda parte: el instructivo para notar la diferencia.