Los 23 millones que se fueron por la gotera
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En León pasó algo metafísicamente perfecto: el Instituto Cultural de León reconoció que desconoce el destino de 23 millones de pesos de inversión estatal en la Plaza de Gallos. Para que el cuadro quede completo, el domo de esa misma plaza tiene filtraciones, y ahora el municipio destinará recursos para repararlas. Acompáñenme a admirar la simetría: hubo 23 millones para infraestructura cultural, el techo gotea, y nadie sabe en qué se gastaron los 23 millones que, uno supondría, servían para que el techo no goteara.
Es el triángulo de las Bermudas presupuestal del Bajío. El dinero existió —eso consta—, la gotera existe —eso se ve—, pero el puente lógico entre ambos hechos se evaporó como charco en mayo. La explicación oficial es de las más honestas que se han escuchado: no la hay. 'Desconoce el destino' es una frase que en cualquier otro contexto sería motivo de angustia y aquí se reporta con la naturalidad de quien avisa que va a llover.
La ironía se afina porque la cosa ocurre justo cuando el Congreso aprobó una auditoría integral al gobierno de León para revisar el manejo de recursos públicos. O sea que la pregunta '¿dónde están los 23 millones?' no la hace un columnista malpensado: la institucionaliza el Poder Legislativo. Y mientras unos piden cuentas, desde la trinchera política se responde que las revisiones traen 'tintes políticos'. Puede que sí. Pero los tintes políticos no abren goteras; las goteras las abre el agua que entra por donde debió haber un domo bien hecho.
Lo entrañable de León es que en la misma agenda cultural se inauguró una exposición con 70 personajes históricos de la ciudad. Setenta. Y entre tantos próceres, cronistas y benefactores, faltó el homenaje al personaje más enigmático del año: el destino final de los 23 millones, esa figura invisible que recorre los pasillos del erario sin dejar huella ni recibo. Si algún día aparece, propongo que le hagan su propia sala. Con domo. Que no gotee, de preferencia.
Es el triángulo de las Bermudas presupuestal del Bajío. El dinero existió —eso consta—, la gotera existe —eso se ve—, pero el puente lógico entre ambos hechos se evaporó como charco en mayo. La explicación oficial es de las más honestas que se han escuchado: no la hay. 'Desconoce el destino' es una frase que en cualquier otro contexto sería motivo de angustia y aquí se reporta con la naturalidad de quien avisa que va a llover.
La ironía se afina porque la cosa ocurre justo cuando el Congreso aprobó una auditoría integral al gobierno de León para revisar el manejo de recursos públicos. O sea que la pregunta '¿dónde están los 23 millones?' no la hace un columnista malpensado: la institucionaliza el Poder Legislativo. Y mientras unos piden cuentas, desde la trinchera política se responde que las revisiones traen 'tintes políticos'. Puede que sí. Pero los tintes políticos no abren goteras; las goteras las abre el agua que entra por donde debió haber un domo bien hecho.
Lo entrañable de León es que en la misma agenda cultural se inauguró una exposición con 70 personajes históricos de la ciudad. Setenta. Y entre tantos próceres, cronistas y benefactores, faltó el homenaje al personaje más enigmático del año: el destino final de los 23 millones, esa figura invisible que recorre los pasillos del erario sin dejar huella ni recibo. Si algún día aparece, propongo que le hagan su propia sala. Con domo. Que no gotee, de preferencia.