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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 7 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 1 de octubre de 2026

Un rayo con delirios de epicentro: la tarde en que a la CDMX le tembló… de miedo al trueno

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Solo en la Ciudad de México un trueno puede aspirar a sismo y casi lograrlo. La tarde del miércoles, en plena tormenta, un estruendo registrado alrededor de las 16:47 sobre la zona de Mixcoac generó una vibración tan intensa que alcanzó a los sensores sísmicos y detonó un reporte automático de "posible microsismo". Minutos más tarde, a las 16:56, SkyAlert difundió una notificación sobre un "posible sismo local". Durante ese lapso, buena parte de la capital experimentó una emoción muy nuestra: el pánico premium, dos por uno, Tláloc y la falla tectónica compartiendo cartel.

No tembló. Fue un rayo haciéndose pasar por epicentro, un relámpago con ambiciones sísmicas que logró lo que ningún temblorcito modesto consigue: que la ciudad entera levantara la cabeza del teléfono al mismo tiempo. Porque aquí nadie sale corriendo por un trueno, pero la palabra "sismo" nos pone de pie aunque estemos dormidos. Tenemos el oído entrenado para distinguir el crujido del edificio del crujido del cielo, y aun así, por unos segundos, dudamos.

Y cómo no dudar. Vivimos sobre un lago drenado, bajo un cielo que en temporada de lluvias descarga como si tuviera cuentas pendientes, encima de una falla que nunca avisa con tiempo. El capitalino promedio ha desarrollado un sexto sentido que confunde, con toda razón, el fin del mundo con el inicio de una tormenta vespertina. Que un sistema de alertamiento se haya dejado engañar por un rayo no habla mal de la tecnología: habla de una ciudad donde hasta los sensores viven con el Jesús en la boca.

La moraleja es sencilla y muy chilanga: en esta urbe no basta con aguantar temblores; también hay que aprender a distinguir cuándo es el subsuelo y cuándo es nada más Tláloc aclarándose la garganta. Octubre apenas empieza, la temporada de lluvias no da tregua y el cielo, por lo visto, ya anda ensayando para asustarnos sin necesidad de que la tierra mueva un dedo.