San Pedro, el único lugar donde el problema son los osos y las disculpas vienen con acabado premium
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Hay municipios que lidian con baches, con basura, con alumbrado. Y luego está San Pedro Garza García, donde los conflictos de fauna no los protagonizan las ratas ni los perros callejeros, sino los osos. Sí, osos. En la colonia Olinalá estalló la polémica de las "trampas antiosos", y el asunto escaló lo suficiente para que el director general de Panem tuviera que salir a aclarar, muy formalmente, que él no fue el artífice de semejante iniciativa.
Su defensa merece un lugar en el museo de las no-disculpas: dijo que su video "pudo ser malinterpretado", porque no expresó sus ideas "con claridad". Traducción libre: no es que yo lo haya dicho, es que ustedes lo entendieron mal. El clásico recurso del que primero suelta la idea y luego descubre, al ver las reacciones, que en realidad quería decir otra cosa. En cualquier otro municipio esto sería un escándalo; en San Pedro es, apenas, el chisme premium de la semana.
Porque el barrio no decepciona. Mientras unos discuten cómo convivir con la vida silvestre sin convertir la montaña en un set de cacería, la Fiscalía sigue investigando el origen de nueve vehículos de lujo asegurados en un exclusivo complejo habitacional sampetrino. Nueve. No uno, para que fuera accidente; nueve, para que fuera colección. La procedencia, nos informan, está "por determinarse", frase que por aquellos rumbos funciona como esos puntos suspensivos elegantes que todo lo insinúan y nada confirman.
Uno observa el conjunto y entiende que San Pedro opera bajo su propia física. Es el municipio donde la naturaleza amenaza desde arriba —el oso que baja de la sierra a recordarle a los humanos quién vivía primero ahí— y la opulencia se acumula desde abajo, en cocheras que parecen agencia. En medio, un vocero corporativo explicando que todo fue un malentendido y una autoridad tomándose su tiempo para decidir de quién son los coches. Elegancia pura.
No nos malinterpreten ahora a nosotros (aprendimos del maestro): aquí nadie acusa a nadie, nomás admiramos el paisaje. En el resto de Nuevo León, el vecino promedio se preocupa por si habrá luz y por cuánto va a llover. En San Pedro, el vecino promedio se pregunta si el oso ya bajó, si la trampa era legal y de quién era el noveno coche. Problemas de primer mundo con cerro de por medio. Que lo disfruten; el resto del estado los ve de lejos, con una mezcla de envidia y zoológico.
Su defensa merece un lugar en el museo de las no-disculpas: dijo que su video "pudo ser malinterpretado", porque no expresó sus ideas "con claridad". Traducción libre: no es que yo lo haya dicho, es que ustedes lo entendieron mal. El clásico recurso del que primero suelta la idea y luego descubre, al ver las reacciones, que en realidad quería decir otra cosa. En cualquier otro municipio esto sería un escándalo; en San Pedro es, apenas, el chisme premium de la semana.
Porque el barrio no decepciona. Mientras unos discuten cómo convivir con la vida silvestre sin convertir la montaña en un set de cacería, la Fiscalía sigue investigando el origen de nueve vehículos de lujo asegurados en un exclusivo complejo habitacional sampetrino. Nueve. No uno, para que fuera accidente; nueve, para que fuera colección. La procedencia, nos informan, está "por determinarse", frase que por aquellos rumbos funciona como esos puntos suspensivos elegantes que todo lo insinúan y nada confirman.
Uno observa el conjunto y entiende que San Pedro opera bajo su propia física. Es el municipio donde la naturaleza amenaza desde arriba —el oso que baja de la sierra a recordarle a los humanos quién vivía primero ahí— y la opulencia se acumula desde abajo, en cocheras que parecen agencia. En medio, un vocero corporativo explicando que todo fue un malentendido y una autoridad tomándose su tiempo para decidir de quién son los coches. Elegancia pura.
No nos malinterpreten ahora a nosotros (aprendimos del maestro): aquí nadie acusa a nadie, nomás admiramos el paisaje. En el resto de Nuevo León, el vecino promedio se preocupa por si habrá luz y por cuánto va a llover. En San Pedro, el vecino promedio se pregunta si el oso ya bajó, si la trampa era legal y de quién era el noveno coche. Problemas de primer mundo con cerro de por medio. Que lo disfruten; el resto del estado los ve de lejos, con una mezcla de envidia y zoológico.