Delicias inventa el delito perfecto: huir del choque para no fallarle al IMSS
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Hay noticias que uno quisiera enmarcar. Esta es una. En Delicias, un señor de 65 años iba al volante de su Nissan Tsuru —ese automóvil eterno, indestructible, que probablemente seguirá rodando cuando ya no quede nadie para manejarlo— cuando impactó nada menos que una GMC Denali modelo 2026. David contra Goliat, pero en versión automotriz y con desenlace invertido: el Tsuru pegó, y el Tsuru siguió.
Porque aquí viene lo bueno. En lugar de detenerse, intercambiar datos y vivir el ritual sagrado del «¿traes seguro?», el conductor continuó su camino tan campante. Fue localizado más adelante, a la altura de La Salle, sin personas lesionadas. Y cuando le preguntaron por qué había seguido, dio una explicación que merece un lugar en el salón de la fama de las prioridades mexicanas: tenía cita en el IMSS a las 10:30 de la mañana y ya iba tarde.
Entiéndase la lógica, que es impecable a su manera. En este país, conseguir una cita en el Seguro es una hazaña digna de epopeya; se agenda con semanas de anticipación, se reza, se ayuna. Perderla por un detalle tan menor como un choque sería una irresponsabilidad imperdonable. El señor no huyó: priorizó. Hizo triage. Entre la carrocería de una camioneta del año y su salud, eligió su salud. Casi noble, si no fuera porque dejó a la Denali con la duda existencial de qué fue lo que la golpeó.
Lo que convierte la anécdota en tendencia es el dato que la acompaña: con este, ya van seis percances recientes en Delicias donde los protagonistas al volante son adultos mayores. Seis. La ciudad empieza a parecer una pista de autos chocones con tarjeta del INAPAM. Uno entiende las ganas de independencia y movilidad —faltaba más—, pero quizá sea momento de que alguien, con mucho cariño y mucha paciencia, sugiera que a ciertas citas conviene llegar en taxi.
Mientras tanto, honremos al conductor anónimo que nos recordó una verdad eterna: en Delicias, lo único que de plano no se puede posponer es el IMSS.
Porque aquí viene lo bueno. En lugar de detenerse, intercambiar datos y vivir el ritual sagrado del «¿traes seguro?», el conductor continuó su camino tan campante. Fue localizado más adelante, a la altura de La Salle, sin personas lesionadas. Y cuando le preguntaron por qué había seguido, dio una explicación que merece un lugar en el salón de la fama de las prioridades mexicanas: tenía cita en el IMSS a las 10:30 de la mañana y ya iba tarde.
Entiéndase la lógica, que es impecable a su manera. En este país, conseguir una cita en el Seguro es una hazaña digna de epopeya; se agenda con semanas de anticipación, se reza, se ayuna. Perderla por un detalle tan menor como un choque sería una irresponsabilidad imperdonable. El señor no huyó: priorizó. Hizo triage. Entre la carrocería de una camioneta del año y su salud, eligió su salud. Casi noble, si no fuera porque dejó a la Denali con la duda existencial de qué fue lo que la golpeó.
Lo que convierte la anécdota en tendencia es el dato que la acompaña: con este, ya van seis percances recientes en Delicias donde los protagonistas al volante son adultos mayores. Seis. La ciudad empieza a parecer una pista de autos chocones con tarjeta del INAPAM. Uno entiende las ganas de independencia y movilidad —faltaba más—, pero quizá sea momento de que alguien, con mucho cariño y mucha paciencia, sugiera que a ciertas citas conviene llegar en taxi.
Mientras tanto, honremos al conductor anónimo que nos recordó una verdad eterna: en Delicias, lo único que de plano no se puede posponer es el IMSS.