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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 7 de octubre, 2026
Jalisco • Nota • 2 de octubre de 2026

Servicio exprés del Tío Sam: una renuncia con sonrisa incluida

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Hay trámites burocráticos que tardan meses y hay otros que, al parecer, se resuelven con un tuit y una sonrisa transfronteriza. La senadora de Morena Jasmine Bugarín Rodríguez, aspirante a la gubernatura de Nayarit, se metió en un enredo de doble nacionalidad del que ni el gestor más veloz de la esquina podría sacarla.

Resulta que la legisladora nació en Los Ángeles, California, mientras sus padres —jornaleros nayaritas— trabajaban al otro lado. Nada que reprochar: la geografía del nacimiento no se elige. El problema vino después, cuando Bugarín sacó un comunicado jurando que su identidad y su servicio pertenecen a México, y que ya había tramitado ante la SRE la renuncia a toda «sumisión, obediencia y fidelidad» a cualquier gobierno extranjero. Suena a juramento de telenovela, y como toda telenovela, tenía su giro de guion.

El giro: una nota de contexto aclaró que el certificado de la Cancillería mexicana no cancela la ciudadanía estadounidense —eso requiere un trámite consular propio, del lado gringo del mostrador—. Y ahí, una internauta tuvo la ocurrencia del año: etiquetó al mismísimo Christopher Landau, secretario de Estado de Estados Unidos, para pedirle que orientara a la senadora en su renuncia. Lo increíble no es la pregunta. Lo increíble es que el hombre contestó. Dos palabras: «¡A la orden!».

Léanlo otra vez. El segundo funcionario diplomático más importante de la potencia del norte, disponible para asesorar a una política mexicana en cómo dejar de ser estadounidense. Jamás la frase «atención al cliente» había alcanzado estas cumbres geopolíticas. Si así responde a un tuit, uno se pregunta cómo atenderán la cita para el pasaporte.

Mientras tanto, Morena y el Verde salieron a respaldarla: aseguran que el trámite quedó formalizado desde 2018, recertificado en 2024, y que la nueva Ley de Nacionalidad aplica hasta 2028. O sea, papeles hay de sobra; lo que falta es que Washington le selle el divorcio. Y en eso, por lo visto, ya hay voluntad del más alto nivel.

La moraleja nayarita es sencilla: puedes renunciar de palabra, de comunicado y hasta de sentimiento, pero el Tío Sam no te suelta hasta que firmes donde él te diga. Eso sí, con una cortesía que para sí quisiera cualquier módulo de la SRE un lunes a mediodía. «¡A la orden!», dijo el gringo. Y por una vez, nadie dudó de que lo decía en serio.