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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 7 de octubre, 2026
Jalisco • Nota • 2 de octubre de 2026

El cochinero se nota más cuando cambias de nómina

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Hay descubrimientos que requieren años de investigación científica. Y hay otros que se revelan de golpe, como una epifanía, justo el día en que uno entrega el gafete. Le pasó a Diego Franco, quien renunció a su cargo como jefe de gabinete distrital del Gobierno de Jalisco, se estrenó como coordinador del proyecto de Movimiento Ciudadano en Puerto Vallarta y —en el mismo aliento— anunció que la ciudad es un auténtico «cochinero».

La lista de males que enumeró es larga y, hay que decirlo, nada nueva para quien vive ahí: basura tirada por todos lados, falta de agua, drenaje que brota por las alcantarillas y trabajadores municipales a los que ni la quincena les llega. Todo probablemente cierto. Lo llamativo es el cronómetro: Franco vio el cochinero con una nitidez pasmosa apenas soltó la nómina estatal y agarró la de partido. La vista, ya se sabe, se le aclara a uno cuando cambia de lentes.

Para rematar el diagnóstico, el flamante opositor agradeció al Gobierno del Estado por las obras que sí se ven —un hospital, un centro de autismo, muelles, un paso a desnivel— y reservó los reproches para la administración municipal. Un repartidor de culpas de precisión quirúrgica: lo bueno, para la casa de la que vengo; lo feo, para los que se quedan.

Y por si hacía falta evidencia del cochinero, esa misma semana los trabajadores eventuales del Ayuntamiento de Puerto Vallarta hicieron paro en Parques y Jardines porque la quincena no les cayó. El Tesorero municipal, don Hugo Robles, salió a prometer que «hoy sí» les pagaría a los que faltaban. En Vallarta, por lo visto, el drenaje no es lo único que fluye con retraso.

Que conste: el que denuncia el desorden no se equivoca. Un cochinero es un cochinero, lo diga quien lo diga y desde la nómina que lo diga. El pequeño detalle es que, cuando el denunciante acaba de salir de la cocina, a uno le queda la duda de quién andaba revolviendo la olla. Bienvenido a la oposición, Diego. Se ve que te tardaste justo lo que dura un contrato.