El catálogo de agravios aceptables: lecciones michoacanas de urbanidad electoral
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Buenas noticias para quienes sufren por sus modales: Michoacán ya tiene, de facto, un catálogo de agravios aceptables. Lo inauguró el Tribunal Electoral del Estado al resolver que cierto diputado no incurrió en violencia política de género contra la presidenta municipal de Uruapan. ¿El razonamiento? Que unas expresiones no iban dirigidas contra ella, sino contra el Movimiento del Sombrero; y que las que sí la aludían caben en el amplio y generoso renglón de las 'críticas aceptables'.
Qué tranquilidad. Durante años vivimos sin saber dónde terminaba la crítica legítima y empezaba la ofensa. Ahora, gracias a esta jurisprudencia, podemos dormir con la certeza de que existe una línea invisible, movible y convenientemente elástica, trazada justo donde más conviene. Es el 'al cliente lo que pida' de la vida pública.
Pero el expediente no cerró ahí, porque en la política michoacana ninguna historia termina sin su segunda parte. El mismo personaje salió a exigir que se investigue a la alcaldesa por su presunto vínculo con sombreristas señalados en el homicidio de Carlos Manzo, y de paso reprochó a la Fiscalía exhibir 'debilidad institucional' por no proceder. Es decir: el que recibió la absolución por sus 'críticas aceptables' ahora reparte, con mano suelta, señalamientos que de aceptables no tienen nada.
Uno casi admira la coreografía. Primero se asegura de que lo suyo fue mero folclor verbal; acto seguido convierte la sospecha en estrategia y pide carpetas de investigación como quien pide una orden de carnitas: surtida y sin regateo. En Michoacán ya no se gobierna ni se hace oposición: se litiga en rueda de prensa, con la esperanza de que el adversario se agote antes que el micrófono.
Aclaremos, porque aquí no inventamos nada: todo esto son dichos públicos, resoluciones de tribunal y declaraciones a la prensa. Nadie en El Destiempo dice quién tiene la razón; apenas señalamos la elegancia del malabar. Lo preocupante no es que un político hable mal de otro —eso es tan michoacano como la corunda—, sino que el sistema haya institucionalizado la figura del agravio con descuento: ofende tú, ofendo yo, y que la autoridad reparta indulgencias según el color del sombrero.
Si la meta era que la ciudadanía recupere la fe en sus instituciones electorales, vamos espléndido. Ya nada más falta que publiquen el catálogo completo, con precios, para que todos sepamos cuánto cuesta una crítica aceptable y cuánto una inaceptable. Aceptamos transferencia.
Qué tranquilidad. Durante años vivimos sin saber dónde terminaba la crítica legítima y empezaba la ofensa. Ahora, gracias a esta jurisprudencia, podemos dormir con la certeza de que existe una línea invisible, movible y convenientemente elástica, trazada justo donde más conviene. Es el 'al cliente lo que pida' de la vida pública.
Pero el expediente no cerró ahí, porque en la política michoacana ninguna historia termina sin su segunda parte. El mismo personaje salió a exigir que se investigue a la alcaldesa por su presunto vínculo con sombreristas señalados en el homicidio de Carlos Manzo, y de paso reprochó a la Fiscalía exhibir 'debilidad institucional' por no proceder. Es decir: el que recibió la absolución por sus 'críticas aceptables' ahora reparte, con mano suelta, señalamientos que de aceptables no tienen nada.
Uno casi admira la coreografía. Primero se asegura de que lo suyo fue mero folclor verbal; acto seguido convierte la sospecha en estrategia y pide carpetas de investigación como quien pide una orden de carnitas: surtida y sin regateo. En Michoacán ya no se gobierna ni se hace oposición: se litiga en rueda de prensa, con la esperanza de que el adversario se agote antes que el micrófono.
Aclaremos, porque aquí no inventamos nada: todo esto son dichos públicos, resoluciones de tribunal y declaraciones a la prensa. Nadie en El Destiempo dice quién tiene la razón; apenas señalamos la elegancia del malabar. Lo preocupante no es que un político hable mal de otro —eso es tan michoacano como la corunda—, sino que el sistema haya institucionalizado la figura del agravio con descuento: ofende tú, ofendo yo, y que la autoridad reparta indulgencias según el color del sombrero.
Si la meta era que la ciudadanía recupere la fe en sus instituciones electorales, vamos espléndido. Ya nada más falta que publiquen el catálogo completo, con precios, para que todos sepamos cuánto cuesta una crítica aceptable y cuánto una inaceptable. Aceptamos transferencia.