Nuestros muertos, ahora con popote: Michoacán cabe en un envase de jugo
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Hay noticias que parecen broma de sobremesa hasta que uno confirma que son ciertas. La Secretaría de Turismo de Michoacán, en santa alianza con la Cooperativa Pascual y la asociación de hoteleros del estado, develó en Tzintzuntzan la gran apuesta cultural del otoño: la Noche de Muertos michoacana —sí, la de Janitzio, la de las veladoras sobre el lago, la que la UNESCO distinguió— será promocionada en todo el país impresa en los envases de los productos Boing.
Léalo de nuevo, con calma. Nuestro patrimonio ancestral, ese que atrae peregrinos de medio mundo, viajará por las carreteras de México abrazado a un jugo de guayaba, compartiendo cartón con el popote y la leyenda de 'agítese antes de usar'. De la ribera del lago de Pátzcuaro al refrigerador de la tiendita de la esquina, en un solo empaque de 500 mililitros.
No seré yo quien escupa sobre la mercadotecnia: que una marca mexicana lleve imágenes de Michoacán a millones de refrigeradores suena, en el papel, a sueño turístico. Boing es tan nacional como el susto en la caseta. El problema es el tamaño del salto poético: pasar de 'ritual milenario que dialoga con la muerte' a 'coleccionable de temporada, pregunte por el sabor mango' en una misma rueda de prensa.
Uno imagina las juntas. Alguien proponiendo, con diapositivas, que el alma de nuestros difuntos tendría mejor alcance mediático al lado de un tetrabrik. Y a los funcionarios asintiendo, conmovidos, porque por fin encontraron una estrategia de difusión que no requiere presupuesto propio: solo ceder el patrimonio a cambio de exposición en camiones repartidores. Don Vasco de Quiroga organizó a los pueblos en oficios y utopías; el siglo veintiuno le responde con una promoción de verano.
Que quede claro, por si algún purista se ofende: la Noche de Muertos sobrevivirá. Ha aguantado la Conquista, el turismo masivo, los influencers disfrazados de catrina para la foto y hasta los 'tours místicos' con transporte incluido. Un envase de jugo no va a tumbar lo que siglos no pudieron. Pero tiene su gracia amarga que la joya cultural del estado termine convertida en promoción cruzada, como quien canjea tapitas por un boleto.
Este 2 de noviembre, cuando encienda su veladora, hágalo con dignidad. Y si de paso se le antoja un jugo, allá usted: al menos ya sabe que está consumiendo cultura, patrimonio e identidad, todo con sabor artificial y en práctico empaque reciclable. Salud por los muertos. Y por los vivos que se encargan de promocionarlos.
Léalo de nuevo, con calma. Nuestro patrimonio ancestral, ese que atrae peregrinos de medio mundo, viajará por las carreteras de México abrazado a un jugo de guayaba, compartiendo cartón con el popote y la leyenda de 'agítese antes de usar'. De la ribera del lago de Pátzcuaro al refrigerador de la tiendita de la esquina, en un solo empaque de 500 mililitros.
No seré yo quien escupa sobre la mercadotecnia: que una marca mexicana lleve imágenes de Michoacán a millones de refrigeradores suena, en el papel, a sueño turístico. Boing es tan nacional como el susto en la caseta. El problema es el tamaño del salto poético: pasar de 'ritual milenario que dialoga con la muerte' a 'coleccionable de temporada, pregunte por el sabor mango' en una misma rueda de prensa.
Uno imagina las juntas. Alguien proponiendo, con diapositivas, que el alma de nuestros difuntos tendría mejor alcance mediático al lado de un tetrabrik. Y a los funcionarios asintiendo, conmovidos, porque por fin encontraron una estrategia de difusión que no requiere presupuesto propio: solo ceder el patrimonio a cambio de exposición en camiones repartidores. Don Vasco de Quiroga organizó a los pueblos en oficios y utopías; el siglo veintiuno le responde con una promoción de verano.
Que quede claro, por si algún purista se ofende: la Noche de Muertos sobrevivirá. Ha aguantado la Conquista, el turismo masivo, los influencers disfrazados de catrina para la foto y hasta los 'tours místicos' con transporte incluido. Un envase de jugo no va a tumbar lo que siglos no pudieron. Pero tiene su gracia amarga que la joya cultural del estado termine convertida en promoción cruzada, como quien canjea tapitas por un boleto.
Este 2 de noviembre, cuando encienda su veladora, hágalo con dignidad. Y si de paso se le antoja un jugo, allá usted: al menos ya sabe que está consumiendo cultura, patrimonio e identidad, todo con sabor artificial y en práctico empaque reciclable. Salud por los muertos. Y por los vivos que se encargan de promocionarlos.