El gobernador vende agua en Nueva York justo cuando a Monterrey le sobra
Tamaño de letra
Hay coincidencias que parecen guion. El mismo jueves en que el Frente Frío número 1 convirtió las avenidas de Monterrey en canales navegables, el gobernador aparecía en el distrito financiero de Nueva York, impecable, presentando ante Goldman Sachs, Macquarie y Apollo los grandes proyectos de infraestructura, energía y agua de Nuevo León. Agua. La palabra se repitió en Manhattan con entusiasmo de folleto turístico, mientras en la colonia Laderas del Mirador un vehículo era arrastrado por la corriente con dos personas adentro, rescatadas de milagro por los cuerpos de auxilio.
Entendámonos: atraer inversión es parte del trabajo, y presumir proyectos ante fondos internacionales no tiene nada de malo. Lo entrañable es el timing. El estado mandó a su principal promotor a ofrecer soluciones hídricas al capital global justo el día en que a su capital le sobraba el líquido por todos lados. Si el objetivo era demostrar que Nuevo León tiene agua, la naturaleza se encargó de la presentación en vivo, sin necesidad de PowerPoint.
De la gira salió, además, un reconocimiento de LatinFinance por el nuevo Hospital Infantil, obra que —nos prometen— quedará lista en febrero. Lo anotamos junto a la larga lista de fechas que en esta tierra se cumplen 'más o menos'. Ojalá sea la excepción.
Mientras tanto, el gobernador también hizo su labor de servicio meteorológico desde el teléfono, compartiendo el radar de lluvias en sus historias de Instagram. Un detalle tierno: el mandatario avisando del aguacero por redes sociales, como el vecino que te manda la captura del clima en lugar de prestarte la bomba para achicar. La ciudadanía, agradecida, respondió flotando.
Hay algo profundamente regio en todo esto. Vendemos la ciudad del futuro —hospitales, energía, nodos logísticos, el polo Colombia-Anáhuac— en los foros más elegantes del planeta, y de regreso nos topamos con que la avenida de siempre vuelve a inundarse en el primer aguacero de la temporada. El futuro cotiza en dólares; el presente se mide en centímetros de agua sobre el pavimento.
No pedimos que el gobernador reme personalmente por las calles anegadas. Pedimos, nomás, que la próxima vez que venda agua afuera se acuerde de que en casa el problema no es que falte: es que no sabemos a dónde mandarla. Y eso, curiosamente, no se arregla en Wall Street.
Entendámonos: atraer inversión es parte del trabajo, y presumir proyectos ante fondos internacionales no tiene nada de malo. Lo entrañable es el timing. El estado mandó a su principal promotor a ofrecer soluciones hídricas al capital global justo el día en que a su capital le sobraba el líquido por todos lados. Si el objetivo era demostrar que Nuevo León tiene agua, la naturaleza se encargó de la presentación en vivo, sin necesidad de PowerPoint.
De la gira salió, además, un reconocimiento de LatinFinance por el nuevo Hospital Infantil, obra que —nos prometen— quedará lista en febrero. Lo anotamos junto a la larga lista de fechas que en esta tierra se cumplen 'más o menos'. Ojalá sea la excepción.
Mientras tanto, el gobernador también hizo su labor de servicio meteorológico desde el teléfono, compartiendo el radar de lluvias en sus historias de Instagram. Un detalle tierno: el mandatario avisando del aguacero por redes sociales, como el vecino que te manda la captura del clima en lugar de prestarte la bomba para achicar. La ciudadanía, agradecida, respondió flotando.
Hay algo profundamente regio en todo esto. Vendemos la ciudad del futuro —hospitales, energía, nodos logísticos, el polo Colombia-Anáhuac— en los foros más elegantes del planeta, y de regreso nos topamos con que la avenida de siempre vuelve a inundarse en el primer aguacero de la temporada. El futuro cotiza en dólares; el presente se mide en centímetros de agua sobre el pavimento.
No pedimos que el gobernador reme personalmente por las calles anegadas. Pedimos, nomás, que la próxima vez que venda agua afuera se acuerde de que en casa el problema no es que falte: es que no sabemos a dónde mandarla. Y eso, curiosamente, no se arregla en Wall Street.