Setenta mil casas solas y un plan a ocho años: el abandono con denominación de origen
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Nuevo León presume rascacielos, inversión extranjera y nodos logísticos de clase mundial, pero tiene un fantasma incómodo tocando a la puerta: más de setenta mil viviendas abandonadas regadas por el estado, muchas en desarrollos lejanos a donde nunca llegaron ni el transporte ni los servicios, pero sí el letrero de 'se vende'.
Tras la portada que destapó la cifra, las diputadas locales reaccionaron con la indignación reglamentaria y plantearon una estrategia coordinada entre estado, municipios y organismos de vivienda. La diputada panista cuestionó la falta de planeación que acompañó el crecimiento habitacional en zonas alejadas del área metropolitana. Descubrimiento tardío pero bienvenido: resulta que apilar casas en medio de la nada, sin camión que pase ni agua que llegue, no era el gran plan maestro que parecía en el folleto de la constructora.
Lo mejor viene en la letra chica. El director del Instituto de la Vivienda estatal explicó que recuperar algunos de esos inmuebles podría tardar hasta ocho años, debido a los procesos legales que enfrenta el Infonavit para recobrar las casas o los derechos sobre ellas. Ocho años. En ese plazo un niño entra a la primaria y sale de la secundaria; una casa abandonada, en cambio, alcanza a criar maleza, humedad y su propio ecosistema antes de que alguien firme el primer papel.
Para rematar, el censo que realizan el Infonavit y la Secretaría de Bienestar sigue sin concluir, así que ni siquiera hay una cifra oficial actualizada. Es decir: sabemos que el problema es enorme, pero todavía no terminamos de contarlo. Primero nos espantamos con las setenta mil, y luego nos enteramos de que el número real está pendiente de aprobación.
La paradoja regia en su máxima expresión: una ciudad que se vende como el futuro de México no logra ponerle candado —ni destino— a las casas que ya construyó. Mientras los fondos de inversión escuchan en Nueva York las bondades del estado, acá miles de hogares vacíos esperan, pacientes, a que la burocracia decida si son ruina, oportunidad o trámite.
Ocho años, dicen. Ojalá para entonces las casas sigan de pie. Con el abandono que llevan, van a necesitar que las recuperen antes de que se las gane el monte.
Tras la portada que destapó la cifra, las diputadas locales reaccionaron con la indignación reglamentaria y plantearon una estrategia coordinada entre estado, municipios y organismos de vivienda. La diputada panista cuestionó la falta de planeación que acompañó el crecimiento habitacional en zonas alejadas del área metropolitana. Descubrimiento tardío pero bienvenido: resulta que apilar casas en medio de la nada, sin camión que pase ni agua que llegue, no era el gran plan maestro que parecía en el folleto de la constructora.
Lo mejor viene en la letra chica. El director del Instituto de la Vivienda estatal explicó que recuperar algunos de esos inmuebles podría tardar hasta ocho años, debido a los procesos legales que enfrenta el Infonavit para recobrar las casas o los derechos sobre ellas. Ocho años. En ese plazo un niño entra a la primaria y sale de la secundaria; una casa abandonada, en cambio, alcanza a criar maleza, humedad y su propio ecosistema antes de que alguien firme el primer papel.
Para rematar, el censo que realizan el Infonavit y la Secretaría de Bienestar sigue sin concluir, así que ni siquiera hay una cifra oficial actualizada. Es decir: sabemos que el problema es enorme, pero todavía no terminamos de contarlo. Primero nos espantamos con las setenta mil, y luego nos enteramos de que el número real está pendiente de aprobación.
La paradoja regia en su máxima expresión: una ciudad que se vende como el futuro de México no logra ponerle candado —ni destino— a las casas que ya construyó. Mientras los fondos de inversión escuchan en Nueva York las bondades del estado, acá miles de hogares vacíos esperan, pacientes, a que la burocracia decida si son ruina, oportunidad o trámite.
Ocho años, dicen. Ojalá para entonces las casas sigan de pie. Con el abandono que llevan, van a necesitar que las recuperen antes de que se las gane el monte.