Comando Chihuahua, el único servidor público que regresa con buena prensa
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Regresó a casa el héroe de la temporada y no trae uniforme, trae correa. Comando, el lomito que presume la Guardia Nacional como su integrante de cuatro patas, volvió al estado después de una gira por la Ciudad de México que ya quisieran muchos funcionarios con dos piernas y tres asesores de imagen. El can no solo desfiló por las fiestas patrias: se dio el lujo de tener "encuentros con distintas personalidades" y de "protagonizar una serie de entrevistas" durante su estancia en la capital. Lean bien: entrevistas. El perro dio entrevistas.
Hagamos cuentas. En un mismo estado conviven secretarios que esquivan micrófonos, una cónsul que contesta "no, lo siento" y huye del salón, y una Fiscalía federal que lleva una semana sin explicar a nadie nada. Y en medio de ese desierto comunicacional aparece un pastor de la Guardia Nacional que atiende a la prensa con más disposición que el gabinete completo. Si el lomito tuviera vocero, el vocero estaría de vacaciones por falta de problemas que ocultar.
Uno celebra, de verdad, que exista una figura institucional que genere ternura en lugar de boletines. Comando es, probablemente, el servidor público mejor evaluado del año: no promete obras, no corta listones, no pide licencia para irse a hacer campaña y jamás ha dejado una fuga de agua abierta durante cuarenta y ocho horas. Su hoja de servicio es impecable porque su trabajo consiste, básicamente, en existir y dejarse querer, que es más de lo que puede decir buena parte de la nómina.
El detalle entrañable es la naturalidad con que la institución lo pasea como embajador. Y tiene lógica: en un año donde las noticias vienen cargadas de balazos, socavones y precampañas, mandar al perrito a dar la cara es la jugada de relaciones públicas más astuta y más barata. Nadie le va a preguntar a Comando por el presupuesto, ni por los desaparecidos, ni por qué subió la revalidación. Comando mueve la cola y el público, agradecido, cambia de tema.
Bienvenido de regreso, buen muchacho. Que descanses de tu gira mediática, que te den tu premio y que, por el bien de todos, nunca te asignen una cartera: el día que te pongan a administrar agua, luz o seguridad, dejarás de ser la mejor noticia del viernes para convertirte en la peor. Por ahora, sigue siendo lo que mejor sabes ser: el único integrante del aparato oficial del que nadie, absolutamente nadie, tiene una queja.
Hagamos cuentas. En un mismo estado conviven secretarios que esquivan micrófonos, una cónsul que contesta "no, lo siento" y huye del salón, y una Fiscalía federal que lleva una semana sin explicar a nadie nada. Y en medio de ese desierto comunicacional aparece un pastor de la Guardia Nacional que atiende a la prensa con más disposición que el gabinete completo. Si el lomito tuviera vocero, el vocero estaría de vacaciones por falta de problemas que ocultar.
Uno celebra, de verdad, que exista una figura institucional que genere ternura en lugar de boletines. Comando es, probablemente, el servidor público mejor evaluado del año: no promete obras, no corta listones, no pide licencia para irse a hacer campaña y jamás ha dejado una fuga de agua abierta durante cuarenta y ocho horas. Su hoja de servicio es impecable porque su trabajo consiste, básicamente, en existir y dejarse querer, que es más de lo que puede decir buena parte de la nómina.
El detalle entrañable es la naturalidad con que la institución lo pasea como embajador. Y tiene lógica: en un año donde las noticias vienen cargadas de balazos, socavones y precampañas, mandar al perrito a dar la cara es la jugada de relaciones públicas más astuta y más barata. Nadie le va a preguntar a Comando por el presupuesto, ni por los desaparecidos, ni por qué subió la revalidación. Comando mueve la cola y el público, agradecido, cambia de tema.
Bienvenido de regreso, buen muchacho. Que descanses de tu gira mediática, que te den tu premio y que, por el bien de todos, nunca te asignen una cartera: el día que te pongan a administrar agua, luz o seguridad, dejarás de ser la mejor noticia del viernes para convertirte en la peor. Por ahora, sigue siendo lo que mejor sabes ser: el único integrante del aparato oficial del que nadie, absolutamente nadie, tiene una queja.