El semáforo que arreglaron para que ahora lo desarreglen dos meses
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Hay obras que nacen para corregir obras, y en Guanajuato capital esa cadena evolutiva acaba de dar su siguiente eslabón. El cruce de avenida Santa Fe con la carretera a Cervera será remodelado, y la presidencia municipal lo anunció con la honestidad de un médico que entrega dos diagnósticos: la buena noticia es que sí lo van a arreglar; la mala es que la obra durará dos meses.
Para entender la epopeya hay que remontarse a 2025, cuando a ese cruce lo semaforizaron como parte de un ambicioso programa de modernización vial. El resultado fue tan celebrado que se convirtió en uno de los más criticados de la ciudad: aumentó los tiempos de circulación y, en un alarde de planeación, colocó las bases de los semáforos sobre las banquetas, porque si de todos modos nadie iba a poder caminar, al menos que hubiera dónde recargarse.
El cruce tenía una ventaja relativa: dos carriles rumbo a la caseta, uno para vuelta a la izquierda y otro más directo hacia Las Teresas. Digo tenía, porque el tercer carril, aquel respiro milagroso, se transformó en un bache de dimensiones tan respetables que obligó a cerrarlo. Entonces, mientras el semáforo marcaba verde para seguir derecho, los que esperaban vuelta a la izquierda bloqueaban a todos. Un sistema perfecto: luz verde para avanzar, cero posibilidad de avanzar. Zen vial puro.
Ahora vienen dos meses de trabajos para devolverle al cruce la funcionalidad que tenía antes de que lo modernizaran. Es decir, sesenta días de desvíos, polvo y paciencia para regresar aproximadamente al punto de partida, pero con la satisfacción de haber participado en el proceso. Si uno lo piensa bien, es la obra pública en su estado más filosófico: no se trata de llegar a ningún lado, sino del viaje. Sobre todo del viaje, porque llegar va a estar imposible hasta diciembre.
La recomendación para el automovilista guanajuatense es la de siempre: salga con tiempo, cargue agua, y si encuentra el carril de la izquierda despejado, no lo celebre, probablemente ya lo están midiendo para el próximo bache.
Para entender la epopeya hay que remontarse a 2025, cuando a ese cruce lo semaforizaron como parte de un ambicioso programa de modernización vial. El resultado fue tan celebrado que se convirtió en uno de los más criticados de la ciudad: aumentó los tiempos de circulación y, en un alarde de planeación, colocó las bases de los semáforos sobre las banquetas, porque si de todos modos nadie iba a poder caminar, al menos que hubiera dónde recargarse.
El cruce tenía una ventaja relativa: dos carriles rumbo a la caseta, uno para vuelta a la izquierda y otro más directo hacia Las Teresas. Digo tenía, porque el tercer carril, aquel respiro milagroso, se transformó en un bache de dimensiones tan respetables que obligó a cerrarlo. Entonces, mientras el semáforo marcaba verde para seguir derecho, los que esperaban vuelta a la izquierda bloqueaban a todos. Un sistema perfecto: luz verde para avanzar, cero posibilidad de avanzar. Zen vial puro.
Ahora vienen dos meses de trabajos para devolverle al cruce la funcionalidad que tenía antes de que lo modernizaran. Es decir, sesenta días de desvíos, polvo y paciencia para regresar aproximadamente al punto de partida, pero con la satisfacción de haber participado en el proceso. Si uno lo piensa bien, es la obra pública en su estado más filosófico: no se trata de llegar a ningún lado, sino del viaje. Sobre todo del viaje, porque llegar va a estar imposible hasta diciembre.
La recomendación para el automovilista guanajuatense es la de siempre: salga con tiempo, cargue agua, y si encuentra el carril de la izquierda despejado, no lo celebre, probablemente ya lo están midiendo para el próximo bache.