Morena descubre que su comité caducó: la autocrítica llega con cuatro años de atraso
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Pocas cosas tan reconfortantes como ver a un partido hacer examen de conciencia en voz alta. Morena Guanajuato acaba de regalarnos una joya de sinceridad al reconocer que el comité duró más de lo que tenía que haber durado. Cuatro años después, el Movimiento de Regeneración Nacional admite que, puertas adentro, operaban cuotas de poder, y anuncia un reacomodo rumbo a 2027.
Uno agradece la honestidad, aunque tenga el tiempismo de quien avisa que la leche estaba caducada justo después de habérsela tomado toda. Durante cuatro años nadie notó que la dirigencia se había quedado más de la cuenta; fue necesario que se acercaran las elecciones para que, de pronto, el reloj biológico del comité empezara a sonar con urgencia. Es admirable: hay partidos que tardan sexenios en reconocer sus vicios internos, y Morena lo hizo en apenas un ciclo completo, que para la política mexicana es prácticamente velocidad de competencia.
La palabra cuotas de poder merece un reconocimiento aparte. En un partido que nació para combatir precisamente eso, enterarse de que también se repartían posiciones por acomodo interno tiene el encanto de descubrir que el gimnasio al que te inscribiste para bajar de peso vende churros en la recepción. No es que sorprenda; es que te lo digan ellos mismos, con cara de haberlo descubierto esta mañana.
Ahora viene el reacomodo, esa palabra tan noble que puede significar renovación democrática o reparto de sillas con nombres nuevos, según quién la pronuncie y qué tanto le toque. El reto para 2027 es presentarse ante el electorado como el partido que supo corregirse, mientras internamente se disputan las mismas posiciones que acaban de admitir que estaban mal repartidas.
Se agradece, de todos modos, el gesto. En una temporada donde los demás institutos políticos presumen agendas escuchadas y alcaldesas que no exigen pero se postulan, que alguien diga en voz alta nos pasamos de tiempo es casi un acto de valentía. El siguiente paso, aún pendiente, es el más difícil: que la regeneración no dure también más de lo que tiene que durar.
Uno agradece la honestidad, aunque tenga el tiempismo de quien avisa que la leche estaba caducada justo después de habérsela tomado toda. Durante cuatro años nadie notó que la dirigencia se había quedado más de la cuenta; fue necesario que se acercaran las elecciones para que, de pronto, el reloj biológico del comité empezara a sonar con urgencia. Es admirable: hay partidos que tardan sexenios en reconocer sus vicios internos, y Morena lo hizo en apenas un ciclo completo, que para la política mexicana es prácticamente velocidad de competencia.
La palabra cuotas de poder merece un reconocimiento aparte. En un partido que nació para combatir precisamente eso, enterarse de que también se repartían posiciones por acomodo interno tiene el encanto de descubrir que el gimnasio al que te inscribiste para bajar de peso vende churros en la recepción. No es que sorprenda; es que te lo digan ellos mismos, con cara de haberlo descubierto esta mañana.
Ahora viene el reacomodo, esa palabra tan noble que puede significar renovación democrática o reparto de sillas con nombres nuevos, según quién la pronuncie y qué tanto le toque. El reto para 2027 es presentarse ante el electorado como el partido que supo corregirse, mientras internamente se disputan las mismas posiciones que acaban de admitir que estaban mal repartidas.
Se agradece, de todos modos, el gesto. En una temporada donde los demás institutos políticos presumen agendas escuchadas y alcaldesas que no exigen pero se postulan, que alguien diga en voz alta nos pasamos de tiempo es casi un acto de valentía. El siguiente paso, aún pendiente, es el más difícil: que la regeneración no dure también más de lo que tiene que durar.