La capital se prepara para el caos: seis días de muertos y una ciudad que se deja desquiciar con gusto
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Que nadie diga que a Guanajuato le falta vocación de sacrificio. La capital anunció la octava edición de su Festival del Día de Muertos, del 28 de octubre al 2 de noviembre, y lo hizo con la plena conciencia de que durante seis días sus calles y pasajes subterráneos dejarán de ser calles para convertirse en una expresión profunda de la identidad mexicana que, de pasada, no deja pasar a nadie.
Los números respaldan la ambición: en 2025 llegaron 220 mil visitantes y se generó una derrama de 291 millones de pesos. Con esas cifras, la presidenta municipal explicó que el reto ya no es saturar la capacidad de la ciudad, sino evolucionar hacia la consolidación de la experiencia turística. Es un giro retórico precioso. El año pasado era saturación; este año es experiencia consolidada. La diferencia la notará el turista al momento de pagar; el vecino la notará exactamente igual que siempre, atorado entre dos catrinas monumentales a tres cuadras de su casa.
La directora de Turismo prometió dosificar el flujo a lo largo de los seis días, concepto que suena a sistema de riego pero aplica a seres humanos. En lugar de un colapso masivo, habrá colapso administrado en porciones diarias, para que el caos rinda y alcance para toda la semana. Y como detalle escénico insuperable, la presentación oficial se realizó en el panteón de Santa Paula, porque si vas a vender muerte, mejor hacerlo desde la sede.
Por si una sola festividad fuera poca ofrenda, el calendario de temporada viene recargado. Al mismo tiempo, el Parque Guanajuato Bicentenario monta su Festival de Calabazas, con figuras monumentales, del 2 de octubre al 2 de noviembre. Entre catrinas, calabazas y el Cervantino asomándose por el mismo mes, octubre en Guanajuato se perfila como un maratón de identidad cultural con derrama económica garantizada y movilidad opcional.
Nadie discute el valor de la tradición ni la belleza de la fiesta; el Día de Muertos es, en efecto, una de las expresiones más hermosas que tenemos. La pregunta, más terrenal, es si la capital celebra la muerte o si simplemente ensaya el trayecto que sentirá cualquiera que intente cruzar el centro esos días. Sea como sea, la invitación está hecha: vengan, gasten, y recuerden que el alma, como el tráfico, también tiene que hacer fila para regresar.
Los números respaldan la ambición: en 2025 llegaron 220 mil visitantes y se generó una derrama de 291 millones de pesos. Con esas cifras, la presidenta municipal explicó que el reto ya no es saturar la capacidad de la ciudad, sino evolucionar hacia la consolidación de la experiencia turística. Es un giro retórico precioso. El año pasado era saturación; este año es experiencia consolidada. La diferencia la notará el turista al momento de pagar; el vecino la notará exactamente igual que siempre, atorado entre dos catrinas monumentales a tres cuadras de su casa.
La directora de Turismo prometió dosificar el flujo a lo largo de los seis días, concepto que suena a sistema de riego pero aplica a seres humanos. En lugar de un colapso masivo, habrá colapso administrado en porciones diarias, para que el caos rinda y alcance para toda la semana. Y como detalle escénico insuperable, la presentación oficial se realizó en el panteón de Santa Paula, porque si vas a vender muerte, mejor hacerlo desde la sede.
Por si una sola festividad fuera poca ofrenda, el calendario de temporada viene recargado. Al mismo tiempo, el Parque Guanajuato Bicentenario monta su Festival de Calabazas, con figuras monumentales, del 2 de octubre al 2 de noviembre. Entre catrinas, calabazas y el Cervantino asomándose por el mismo mes, octubre en Guanajuato se perfila como un maratón de identidad cultural con derrama económica garantizada y movilidad opcional.
Nadie discute el valor de la tradición ni la belleza de la fiesta; el Día de Muertos es, en efecto, una de las expresiones más hermosas que tenemos. La pregunta, más terrenal, es si la capital celebra la muerte o si simplemente ensaya el trayecto que sentirá cualquiera que intente cruzar el centro esos días. Sea como sea, la invitación está hecha: vengan, gasten, y recuerden que el alma, como el tráfico, también tiene que hacer fila para regresar.