Capitán Sol: el marino que zarpó hacia el imperio de la gasolina
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Hay apodos que son una condena y apodos que son una carrera. “Capitán Sol” pertenece, sin duda, a la segunda categoría. Así es como las autoridades identifican a Miguel Ángel “N”, alias también “Mike”, excapitán de la Secretaría de Marina detenido en Zapopan y señalado como el último integrante que faltaba por capturar de una red de huachicol fiscal bautizada, con ternura de telenovela, como “Los Primos”.
Detengámonos en la poesía del asunto. Un hombre que juró cuidar los mares de México termina acusado de ayudar a que el combustible entrara al país por caminos menos ortodoxos. Del “todo por la patria” al “todo por el litro”. Es el arco narrativo más mexicano imaginable: el que vigilaba el barco resultó experto en lo que el barco traía adentro.
Según las autoridades, habría operado con los hermanos Farías Laguna en el ingreso ilegal de combustible, ese deporte nacional que consiste en vender gasolina sin que la gasolina exista oficialmente. Y aquí viene mi parte favorita del expediente: el Capitán Sol se reservó el derecho a declarar su patrimonio. Por supuesto. Nada ilumina más la biografía de un servidor público que la penumbra voluntaria sobre sus bienes. Le detectaron, eso sí, transferencias millonarias; pero de dónde salieron, misterio, como el sol de medianoche.
La guinda es la logística judicial: comparecerá ante un juez este domingo a las seis de la mañana, en una diligencia privada. Seis de la mañana. En domingo. En privado. Es el horario reservado para las cosas que nadie quiere que nadie vea: los análisis de sangre, las mudanzas incómodas y, por lo visto, los capítulos finales del huachicol. A esa hora ni el sol —el de verdad— se ha levantado.
Mientras tanto, la prensa ya tira del hilo hacia nombres más altos, y un testigo colaborador citado por reporteros deslizó, durante las gestiones para el zarpe de un buque, la mención de un apellido que en este país pesa. De eso, por ahora, solo hay versiones y expedientes abiertos; nosotros, prudentes, nos quedamos admirando el nombre de guerra. Porque pocas veces la realidad regala un villano llamado, nada menos, Capitán Sol. El mar lo extrañará; la Hacienda, menos.
Detengámonos en la poesía del asunto. Un hombre que juró cuidar los mares de México termina acusado de ayudar a que el combustible entrara al país por caminos menos ortodoxos. Del “todo por la patria” al “todo por el litro”. Es el arco narrativo más mexicano imaginable: el que vigilaba el barco resultó experto en lo que el barco traía adentro.
Según las autoridades, habría operado con los hermanos Farías Laguna en el ingreso ilegal de combustible, ese deporte nacional que consiste en vender gasolina sin que la gasolina exista oficialmente. Y aquí viene mi parte favorita del expediente: el Capitán Sol se reservó el derecho a declarar su patrimonio. Por supuesto. Nada ilumina más la biografía de un servidor público que la penumbra voluntaria sobre sus bienes. Le detectaron, eso sí, transferencias millonarias; pero de dónde salieron, misterio, como el sol de medianoche.
La guinda es la logística judicial: comparecerá ante un juez este domingo a las seis de la mañana, en una diligencia privada. Seis de la mañana. En domingo. En privado. Es el horario reservado para las cosas que nadie quiere que nadie vea: los análisis de sangre, las mudanzas incómodas y, por lo visto, los capítulos finales del huachicol. A esa hora ni el sol —el de verdad— se ha levantado.
Mientras tanto, la prensa ya tira del hilo hacia nombres más altos, y un testigo colaborador citado por reporteros deslizó, durante las gestiones para el zarpe de un buque, la mención de un apellido que en este país pesa. De eso, por ahora, solo hay versiones y expedientes abiertos; nosotros, prudentes, nos quedamos admirando el nombre de guerra. Porque pocas veces la realidad regala un villano llamado, nada menos, Capitán Sol. El mar lo extrañará; la Hacienda, menos.