El nuevo modelo de oficina en Chihuahua: con frappé incluido por culpa de la CFE
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La innovación empresarial chihuahuense de 2026 no es la inteligencia artificial ni la robótica. Es la mesa del fondo de la cafetería, junto al contacto que sí da corriente. Lo confesó el propio sector privado: ante los apagones recurrentes, hay empresas que han tenido que trasladar a sus empleados a cafeterías con energía garantizada para que puedan cumplir con sus actividades. Léalo de nuevo, despacio, para que duela: la productividad de la región ahora depende de si el barista trae buena planta de luz.
El presidente de Desec, Jorge Cruz Camberos, señaló que los apagones han sido recurrentes durante los últimos ocho años. Ocho. Una primaria completa de fallas eléctricas. Y la respuesta institucional de la Comisión Federal de Electricidad fue, redoble de tambores, instalar una "mesa de coordinación" con las 32 entidades y pedir que cada estado nombre un "enlace". Magnífico: tenemos enlace, tenemos mesa, tenemos mapa conjunto de deficiencias. Lo único que no tenemos, con cierta frecuencia, es luz.
Del lado del agua la JMAS pone la cara para tranquilizar: dice que pese a las interrupciones eléctricas en los pozos, el abasto no se ha visto afectado gracias a la rapidez para restablecer el servicio. Es decir, los apagones siguen ahí, todos los días prácticamente, pero corremos más rápido que el apagón. Vivir al filo del contacto eléctrico, esa es la estrategia.
Mientras tanto, el ciudadano de a pie hace lo mismo que las empresas pero sin junta directiva: carga el celular donde puede, reza para que no se eche a perder el refri y aprende a tomar café tibio. Porque en esta ciudad el plan de continuidad de negocio se llama "esperemos que aguante el transformador de la esquina".
La moraleja es sencilla y cara: una región que presume vocación industrial, que compite con manufactura de punta y sueña con inversiones del T-MEC, no puede tener como infraestructura crítica el enchufe de la cafetería de junto. O se arregla la red, o que la CFE al menos patrocine los frappés. Por coherencia.
El presidente de Desec, Jorge Cruz Camberos, señaló que los apagones han sido recurrentes durante los últimos ocho años. Ocho. Una primaria completa de fallas eléctricas. Y la respuesta institucional de la Comisión Federal de Electricidad fue, redoble de tambores, instalar una "mesa de coordinación" con las 32 entidades y pedir que cada estado nombre un "enlace". Magnífico: tenemos enlace, tenemos mesa, tenemos mapa conjunto de deficiencias. Lo único que no tenemos, con cierta frecuencia, es luz.
Del lado del agua la JMAS pone la cara para tranquilizar: dice que pese a las interrupciones eléctricas en los pozos, el abasto no se ha visto afectado gracias a la rapidez para restablecer el servicio. Es decir, los apagones siguen ahí, todos los días prácticamente, pero corremos más rápido que el apagón. Vivir al filo del contacto eléctrico, esa es la estrategia.
Mientras tanto, el ciudadano de a pie hace lo mismo que las empresas pero sin junta directiva: carga el celular donde puede, reza para que no se eche a perder el refri y aprende a tomar café tibio. Porque en esta ciudad el plan de continuidad de negocio se llama "esperemos que aguante el transformador de la esquina".
La moraleja es sencilla y cara: una región que presume vocación industrial, que compite con manufactura de punta y sueña con inversiones del T-MEC, no puede tener como infraestructura crítica el enchufe de la cafetería de junto. O se arregla la red, o que la CFE al menos patrocine los frappés. Por coherencia.