Bandera blanca con fecha de caducidad
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Pocas cosas inspiran tanta confianza como un funcionario que le pone fecha exacta a un problema del tamaño del universo. El secretario de Igualdad e Inclusión, Félix Arratia, anunció que Nuevo León podría levantar 'bandera blanca' contra la pobreza alimentaria en mayo de 2027. No en un futuro indefinido, no 'en el mediano plazo': mayo. Como quien agenda una cita con el dentista o la revisión del coche.
El argumento tiene sus números: durante el sexenio, unas 100,000 personas habrían dejado esa condición y, de mantenerse la tendencia, el estado alcanzaría la meta en primavera del próximo año. A eso se suma la red de 51 Centros Comunitarios, que presume haber sumado 70,000 nuevos usuarios en un solo trimestre. Cifras que, puestas en una lámina, lucen de maravilla y provocan aplausos sinceros.
El entusiasmo es contagioso, pero la aritmética de las promesas públicas suele ser traicionera. Erradicar significa borrar del mapa, no reducir ni atenuar: cero, nada, bandera blanca ondeando al viento. Fijar esa hazaña para una fecha tan puntual es un acto de fe administrativo digno de enmarcarse, sobre todo porque mayo de 2027 queda sospechosamente cerca de la temporada en que las promesas se cobran en las urnas.
Uno quisiera equivocarse y que, en efecto, la próxima primavera nadie en el estado se acueste con hambre. Sería la mejor noticia posible y con gusto le dedicaríamos una nota sin una sola gota de sarcasmo. Pero mientras tanto, conviene guardar el boletín: las metas con fecha tienen la fea costumbre de llegar a la fecha sin la meta.
Por ahora, Nuevo León tiene sobre la mesa dos banderas: la blanca que promete el secretario para 2027 y la que ondean los pronósticos del tiempo, que esta semana fue más bien de color nube. Ojalá la primera llegue puntual. La segunda, al menos, cumplió lo prometido.
El argumento tiene sus números: durante el sexenio, unas 100,000 personas habrían dejado esa condición y, de mantenerse la tendencia, el estado alcanzaría la meta en primavera del próximo año. A eso se suma la red de 51 Centros Comunitarios, que presume haber sumado 70,000 nuevos usuarios en un solo trimestre. Cifras que, puestas en una lámina, lucen de maravilla y provocan aplausos sinceros.
El entusiasmo es contagioso, pero la aritmética de las promesas públicas suele ser traicionera. Erradicar significa borrar del mapa, no reducir ni atenuar: cero, nada, bandera blanca ondeando al viento. Fijar esa hazaña para una fecha tan puntual es un acto de fe administrativo digno de enmarcarse, sobre todo porque mayo de 2027 queda sospechosamente cerca de la temporada en que las promesas se cobran en las urnas.
Uno quisiera equivocarse y que, en efecto, la próxima primavera nadie en el estado se acueste con hambre. Sería la mejor noticia posible y con gusto le dedicaríamos una nota sin una sola gota de sarcasmo. Pero mientras tanto, conviene guardar el boletín: las metas con fecha tienen la fea costumbre de llegar a la fecha sin la meta.
Por ahora, Nuevo León tiene sobre la mesa dos banderas: la blanca que promete el secretario para 2027 y la que ondean los pronósticos del tiempo, que esta semana fue más bien de color nube. Ojalá la primera llegue puntual. La segunda, al menos, cumplió lo prometido.