Llega la comisión a revisar el agua y el aire, que es lo que siempre falta cuando ya no sirve
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Hay respuestas institucionales que llegan a tiempo y hay otras que llegan como la ambulancia del chiste: cuando ya nadie la necesita. Una comisión externa del IMSS aterrizó en Jalisco para investigar un posible brote de Klebsiella pneumoniae en el Hospital de Gineco Obstetricia del Centro Médico Nacional de Occidente, en Guadalajara, relacionado con la muerte de tres recién nacidos. Y la noticia, por dolorosa, merece decirse sin adorno: tres familias salieron del hospital con las manos vacías. Lo que sigue va dirigido al aparato, no a su luto.
Porque lo que anunciaron las autoridades, con cara de gran operativo, fue que los expertos vienen a analizar el agua, el aire, los equipos médicos y las condiciones de los pacientes. Perfecto. Magnífico. Solo que uno se pregunta, con todo respeto y toda mala leche, qué estaban analizando antes. El agua, el aire y los equipos no llegaron ayer en paquetería: son, digamos, los ingredientes básicos de un hospital. Que haya que mandar una comisión especial a confirmar que el agua de un centro médico no debería traer bacterias es como convocar a un consejo de sabios para averiguar si el pollo crudo tiene salmonela.
El propio secretario de Salud estatal explicó que, si se confirma el brote, podrían aislar pacientes, desinfectar las áreas y realizar nuevos estudios antes de permitir nuevos ingresos. Todas medidas impecables. Todas en tiempo futuro. El protocolo de 'podríamos, en caso de, eventualmente' es, por desgracia, el único que en estas latitudes nunca falla: siempre está disponible, siempre llega después.
Se revisarán también los reportes sobre agua aparentemente contaminada en hospitales, en plural, lo que sugiere que el tema no era exactamente un secreto bien guardado. Uno entiende que un brote es un fenómeno complejo, que la Klebsiella es terca y que nada de esto se resuelve con un comunicado. Pero cuesta no notar el patrón tapatío de siempre: la vigilancia se activa con la potencia de un huracán categoría cinco justo el día después de que ya no sirve de nada. Que la comisión encuentre lo que tenga que encontrar. Y que la próxima vez el agua, el aire y los equipos se revisen cuando todavía son una medida de prevención y no una autopsia del sistema.
Porque lo que anunciaron las autoridades, con cara de gran operativo, fue que los expertos vienen a analizar el agua, el aire, los equipos médicos y las condiciones de los pacientes. Perfecto. Magnífico. Solo que uno se pregunta, con todo respeto y toda mala leche, qué estaban analizando antes. El agua, el aire y los equipos no llegaron ayer en paquetería: son, digamos, los ingredientes básicos de un hospital. Que haya que mandar una comisión especial a confirmar que el agua de un centro médico no debería traer bacterias es como convocar a un consejo de sabios para averiguar si el pollo crudo tiene salmonela.
El propio secretario de Salud estatal explicó que, si se confirma el brote, podrían aislar pacientes, desinfectar las áreas y realizar nuevos estudios antes de permitir nuevos ingresos. Todas medidas impecables. Todas en tiempo futuro. El protocolo de 'podríamos, en caso de, eventualmente' es, por desgracia, el único que en estas latitudes nunca falla: siempre está disponible, siempre llega después.
Se revisarán también los reportes sobre agua aparentemente contaminada en hospitales, en plural, lo que sugiere que el tema no era exactamente un secreto bien guardado. Uno entiende que un brote es un fenómeno complejo, que la Klebsiella es terca y que nada de esto se resuelve con un comunicado. Pero cuesta no notar el patrón tapatío de siempre: la vigilancia se activa con la potencia de un huracán categoría cinco justo el día después de que ya no sirve de nada. Que la comisión encuentre lo que tenga que encontrar. Y que la próxima vez el agua, el aire y los equipos se revisen cuando todavía son una medida de prevención y no una autopsia del sistema.