La Fiscalía de Jalisco presume colección: 347 mil expedientes y ninguno terminado
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Hay quien junta timbres, quien junta taparroscas y quien junta rencores. La Fiscalía de Jalisco colecciona carpetas de investigación sin concluir, y hay que reconocerle disciplina: según el Censo Nacional de Procuración de Justicia 2026 del INEGI, cerró el año pasado con 347 mil 525 investigaciones pendientes de concluir, lo que la deja entre las instituciones con mayor rezago de todo el país. Como pasatiempo es intenso; como sistema de justicia, francamente mejorable.
Pongámoslo en escala tapatía. Trescientos cuarenta y siete mil quinientos veinticinco expedientes son muchísimos huraches de archivero, muchísimas víctimas que presentaron su denuncia, se formaron, llenaron el formato, entregaron copias del INE por ambos lados y se fueron a su casa a esperar. Esa espera, para efectos prácticos, es el producto estrella de la casa. No concluir es, aquí, una forma de concluir: el expediente nace, crece, se reproduce en fotocopias y envejece plácidamente sin que nadie lo moleste con algo tan vulgar como una resolución.
Y no es que falten expertos que lo expliquen. Esta misma semana, especialistas en seguridad advirtieron lo obvio con cara de descubrimiento: la falta de resultados tras denunciar desalienta a las víctimas, que para qué van a acudir a las autoridades si el trámite termina engordando la pila. Lo llaman impunidad; en Jalisco podríamos llamarlo, con más cariño, 'política de puertas abiertas y cajones cerrados'. Propusieron ampliar las denuncias virtuales y simplificar trámites, lo cual suena muy bien hasta que uno recuerda que el cuello de botella no está en formular la denuncia, sino en que alguien, algún día, la lea.
Lo verdaderamente admirable es la congruencia. La ciudad pierde habitantes, pierde árboles, pierde camiones en llamas y pierde, también, expedientes en el laberinto. Al menos la Fiscalía es honesta en su especialidad: no promete resolver, promete acumular. Y en esa humilde promesa, hay que decirlo, cumple como campeona nacional. Trescientos cuarenta y siete mil quinientas veinticinco veces.
Pongámoslo en escala tapatía. Trescientos cuarenta y siete mil quinientos veinticinco expedientes son muchísimos huraches de archivero, muchísimas víctimas que presentaron su denuncia, se formaron, llenaron el formato, entregaron copias del INE por ambos lados y se fueron a su casa a esperar. Esa espera, para efectos prácticos, es el producto estrella de la casa. No concluir es, aquí, una forma de concluir: el expediente nace, crece, se reproduce en fotocopias y envejece plácidamente sin que nadie lo moleste con algo tan vulgar como una resolución.
Y no es que falten expertos que lo expliquen. Esta misma semana, especialistas en seguridad advirtieron lo obvio con cara de descubrimiento: la falta de resultados tras denunciar desalienta a las víctimas, que para qué van a acudir a las autoridades si el trámite termina engordando la pila. Lo llaman impunidad; en Jalisco podríamos llamarlo, con más cariño, 'política de puertas abiertas y cajones cerrados'. Propusieron ampliar las denuncias virtuales y simplificar trámites, lo cual suena muy bien hasta que uno recuerda que el cuello de botella no está en formular la denuncia, sino en que alguien, algún día, la lea.
Lo verdaderamente admirable es la congruencia. La ciudad pierde habitantes, pierde árboles, pierde camiones en llamas y pierde, también, expedientes en el laberinto. Al menos la Fiscalía es honesta en su especialidad: no promete resolver, promete acumular. Y en esa humilde promesa, hay que decirlo, cumple como campeona nacional. Trescientos cuarenta y siete mil quinientas veinticinco veces.