El empleado del mes del juzgado: casi 300 detenciones y cero noches en prisión
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Hay récords que enorgullecen a un municipio y récords que lo retratan. Irapuato acaba de reconocer uno del segundo tipo: de acuerdo con Consuelo Cruz, en la ciudad vive una persona que ha sido detenida casi 300 veces y que, pese a ello, nunca se queda en prisión, porque los jueces la liberan una y otra vez.
Hagamos cuentas, nomás para dimensionar la hazaña. Casi trescientas detenciones son casi trescientas veces que patrullas, gasolina, horas-hombre y papeleo se pusieron en marcha para capturar al mismo ciudadano, que para cuando se seca la tinta del acta ya va saliendo por la puerta de atrás saludando a los oficiales por su nombre de pila. A estas alturas ya debería tener tarjeta de cliente frecuente, descuento por volumen y, probablemente, un lugar reservado en la banca del Ministerio Público.
Lo frustrante —palabra que usó la propia denunciante— es la asimetría cósmica del asunto. En este país te multan por estacionarte mal, te clausuran la fiesta por ruidosa y te persiguen por invadir un carril pintado; pero acumular casi trescientas detenciones garantiza, aparentemente, la misma consecuencia que no tener ninguna. El sistema funciona como gimnasio: cobra la inscripción, te deja entrar, pero nadie espera que de verdad cambies.
Uno entiende la teoría: garantías, debido proceso, presunción de inocencia, principios sagrados que ninguna sátira debería tocar. El problema no es que existan los derechos; el problema es la sensación de que el expediente se recicla con más disciplina que el vidrio que presume el SIAP. Casi trescientas oportunidades de 'esta vez sí' son menos un historial y más una relación tóxica entre la autoridad y la realidad.
Mientras tanto, la ciudadanía observa el fenómeno con esa mezcla guanajuatense de resignación y humor negro: si de algo sirve el reincidente estrella, es como unidad de medida. Ya no decimos 'qué inseguro está esto'; decimos 'esto anda como a 150 detenciones de aquel señor'. Es el nuevo sistema métrico del Bajío.
La buena noticia es que hay voluntad de señalarlo en voz alta. La mala es que señalarlo, hasta hoy, no ha bastado para que el señor pase una sola noche donde tantas veces lo llevaron. En Irapuato, la única cadena perpetua garantizada es la del trámite.
Hagamos cuentas, nomás para dimensionar la hazaña. Casi trescientas detenciones son casi trescientas veces que patrullas, gasolina, horas-hombre y papeleo se pusieron en marcha para capturar al mismo ciudadano, que para cuando se seca la tinta del acta ya va saliendo por la puerta de atrás saludando a los oficiales por su nombre de pila. A estas alturas ya debería tener tarjeta de cliente frecuente, descuento por volumen y, probablemente, un lugar reservado en la banca del Ministerio Público.
Lo frustrante —palabra que usó la propia denunciante— es la asimetría cósmica del asunto. En este país te multan por estacionarte mal, te clausuran la fiesta por ruidosa y te persiguen por invadir un carril pintado; pero acumular casi trescientas detenciones garantiza, aparentemente, la misma consecuencia que no tener ninguna. El sistema funciona como gimnasio: cobra la inscripción, te deja entrar, pero nadie espera que de verdad cambies.
Uno entiende la teoría: garantías, debido proceso, presunción de inocencia, principios sagrados que ninguna sátira debería tocar. El problema no es que existan los derechos; el problema es la sensación de que el expediente se recicla con más disciplina que el vidrio que presume el SIAP. Casi trescientas oportunidades de 'esta vez sí' son menos un historial y más una relación tóxica entre la autoridad y la realidad.
Mientras tanto, la ciudadanía observa el fenómeno con esa mezcla guanajuatense de resignación y humor negro: si de algo sirve el reincidente estrella, es como unidad de medida. Ya no decimos 'qué inseguro está esto'; decimos 'esto anda como a 150 detenciones de aquel señor'. Es el nuevo sistema métrico del Bajío.
La buena noticia es que hay voluntad de señalarlo en voz alta. La mala es que señalarlo, hasta hoy, no ha bastado para que el señor pase una sola noche donde tantas veces lo llevaron. En Irapuato, la única cadena perpetua garantizada es la del trámite.