Lluvia, lechuga y lealtades: el fin de semana en que la capital drenó todo menos los comunicados
Tamaño de letra
Amaneció la Ciudad de México haciendo lo único que le sale impecable en octubre: convertirse en alberca sin clavadistas. En Cuajimalpa las avenidas se estrenaron en versión góndola y los vecinos descubrieron que viven en la Venecia del poniente, con la diferencia de que aquí el agua trae de cortesía una llanta y medio microbús. El Servicio Meteorológico avisó que el huracán Rachel ya se aleja rumbo a Baja California, como todo buen galán: cuando ya hizo el desastre y dejó la casa hecha un caos. Pero no se angustien, que la autoridad tiene un plan infalible contra las inundaciones: el comunicado. Nada drena mejor una calle que un aviso institucional pidiendo «no cruzar zonas anegadas».
La lluvia hasta se dio el lujo de boicotear la alfombra roja de los Premios Ariel, obligando a apretujar al talento bajo una carpa como quinceañera sorprendida por el aguacero. Ochenta años de cine nacional y el verdadero protagonista terminó siendo el agua. Muy simbólico: la industria lleva rato tratando de mantener la cabeza fuera del agua, y por fin lo logró de manera literal.
En el terreno de la memoria, el 2 de octubre volvió a dejarnos su clásico combo: consignas al frente y, detrás, el inevitable bloque negro haciendo su servicio social de demolición. La Canaco sacó la calculadora y estimó alrededor de millón y medio de pesos en destrozos por los comercios dañados, decenas de millones en pérdidas por los negocios que mejor no abrieron, y miles de cortinas abajo. Nada honra tanto a los caídos del 68 como reventarle el aparador a una farmacia que en 1968 ni existía. El detalle más poético lo puso un joven cuyo artefacto, en vez de volar hacia el enemigo imaginario, rebotó y lo premió a él: la revolución, por una vez, fue puntual y justa.
De las calles anegadas pasamos a los platos. La FDA estadounidense concluyó que el brote de diarrea «explosiva» que agarró a medio Estados Unidos salió de unas lechugas iceberg procesadas en México. Mientras tanto, la Cofepris, con el patriotismo intacto, descartó que los productos mexicanos tuvieran la culpa. Dos agencias, dos lechugas, dos realidades. Es la soberanía nacional aplicada al intestino: ellos tienen sus bacterias, nosotros las nuestras, y que cada quien corra a su propio baño.
En política interior, la foto del fin de semana la dio Chiapas. La Operación Enjambre aterrizó en Suchiapa y se llevó a veintiún personas, entre ellas al alcalde morenista y al exalcalde, en un operativo que dejó al ayuntamiento más vacío que cantina en lunes de quincena. Tan eficiente fue la redada que el cabildo tuvo que nombrar nueva presidenta municipal casi de volada, porque gobernar desde el Registro Nacional de Detenciones complica el quórum.
Y hablando de blindajes: en Tabasco, el hijo del expresidente formalizó su registro para buscar una diputación rumbo a 2027, justo mientras circulan señalamientos que él rechaza y versiones de indagatorias al norte del río Bravo. Puro cálculo del destino. No decimos que busque fuero; decimos que hay coincidencias que se acomodan solitas, como el paraguas que aparece exactamente cuando empieza a llover.
Mientras tanto, siete corcholatas de la 4T se gastaron 1.2 millones de pesos en publicidad de Facebook, porque la austeridad republicana se practica en todo, menos en el algoritmo. Y en la oposición no se quedan atrás en finura: ante el enésimo ataque a la estatua de un expresidente panista, el líder del partido declaró que les da «risa» y hasta «ternura». Ternura es la palabra: nada tan tierno como un monumento al que ni los suyos van a cuidar.
Cerramos con el dato demográfico que explica todo: la capital tiene cada vez más solteros y menos hijos, la fecundidad más baja del país. Entre las rentas, el tráfico, las inundaciones y los aparadores rotos, los chilangos llegaron a la conclusión más sensata del sexenio: para qué traer a alguien más a esta alberca. Ya con nosotros flotando es suficiente.
La lluvia hasta se dio el lujo de boicotear la alfombra roja de los Premios Ariel, obligando a apretujar al talento bajo una carpa como quinceañera sorprendida por el aguacero. Ochenta años de cine nacional y el verdadero protagonista terminó siendo el agua. Muy simbólico: la industria lleva rato tratando de mantener la cabeza fuera del agua, y por fin lo logró de manera literal.
En el terreno de la memoria, el 2 de octubre volvió a dejarnos su clásico combo: consignas al frente y, detrás, el inevitable bloque negro haciendo su servicio social de demolición. La Canaco sacó la calculadora y estimó alrededor de millón y medio de pesos en destrozos por los comercios dañados, decenas de millones en pérdidas por los negocios que mejor no abrieron, y miles de cortinas abajo. Nada honra tanto a los caídos del 68 como reventarle el aparador a una farmacia que en 1968 ni existía. El detalle más poético lo puso un joven cuyo artefacto, en vez de volar hacia el enemigo imaginario, rebotó y lo premió a él: la revolución, por una vez, fue puntual y justa.
De las calles anegadas pasamos a los platos. La FDA estadounidense concluyó que el brote de diarrea «explosiva» que agarró a medio Estados Unidos salió de unas lechugas iceberg procesadas en México. Mientras tanto, la Cofepris, con el patriotismo intacto, descartó que los productos mexicanos tuvieran la culpa. Dos agencias, dos lechugas, dos realidades. Es la soberanía nacional aplicada al intestino: ellos tienen sus bacterias, nosotros las nuestras, y que cada quien corra a su propio baño.
En política interior, la foto del fin de semana la dio Chiapas. La Operación Enjambre aterrizó en Suchiapa y se llevó a veintiún personas, entre ellas al alcalde morenista y al exalcalde, en un operativo que dejó al ayuntamiento más vacío que cantina en lunes de quincena. Tan eficiente fue la redada que el cabildo tuvo que nombrar nueva presidenta municipal casi de volada, porque gobernar desde el Registro Nacional de Detenciones complica el quórum.
Y hablando de blindajes: en Tabasco, el hijo del expresidente formalizó su registro para buscar una diputación rumbo a 2027, justo mientras circulan señalamientos que él rechaza y versiones de indagatorias al norte del río Bravo. Puro cálculo del destino. No decimos que busque fuero; decimos que hay coincidencias que se acomodan solitas, como el paraguas que aparece exactamente cuando empieza a llover.
Mientras tanto, siete corcholatas de la 4T se gastaron 1.2 millones de pesos en publicidad de Facebook, porque la austeridad republicana se practica en todo, menos en el algoritmo. Y en la oposición no se quedan atrás en finura: ante el enésimo ataque a la estatua de un expresidente panista, el líder del partido declaró que les da «risa» y hasta «ternura». Ternura es la palabra: nada tan tierno como un monumento al que ni los suyos van a cuidar.
Cerramos con el dato demográfico que explica todo: la capital tiene cada vez más solteros y menos hijos, la fecundidad más baja del país. Entre las rentas, el tráfico, las inundaciones y los aparadores rotos, los chilangos llegaron a la conclusión más sensata del sexenio: para qué traer a alguien más a esta alberca. Ya con nosotros flotando es suficiente.