Bajo el agua, sobre la coca y lejos del cargo: crónica de un sábado regio
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Amaneció Nuevo León como le gusta amanecer últimamente: empapado, con un deslave de cortesía y la promesa meteorológica de que esto apenas empieza. El Frente Frío número 1 —ese que entró con bombo, platillo y más de 170 milímetros— decidió quedarse hasta el lunes, porque si algo aprendió el clima regio es que aquí nada se va temprano: ni las visitas, ni los frentes fríos, ni el primo que llegó a la carne asada.
El saldo del aguacero fue el de manual para una ciudad que edificó medio estado encima del lecho de un río: una decena de vehículos varados, veintidós árboles buscando el piso, treinta y siete cortocircuitos y seis postes con ganas de acostarse. El Estado salió raudo a aclarar que el carril exprés de Constitución NO sufrió daño, que el desgajamiento es «exclusivo del talud del lecho del río», distinción geológica que sin duda tranquiliza al automovilista que ve el cerro deslizarse a tres metros de su cajuela.
Mientras tanto, La Huasteca cerró a los visitantes y estrenó una modalidad inédita de parque: acceso solo para residentes, credencial en mano. Por fin un espacio natural con lista de invitados, como antro de San Pedro pero con alacranes.
Dos buenas noticias para el optimismo oficial. Primera: las presas sumaron casi 14 millones de metros cúbicos en un día, lo que confirma la doctrina hidráulica regia de que aquí o nos morimos de sed o nos ahogamos, término medio no se vende. Segunda: paraguas y pan volaron de los estantes, porque el regio tiene claro que bajo la lluvia solo caben dos conductas dignas: cubrirse o comprar concha.
Y entre nube y nube, el aeropuerto. En la terminal de Monterrey, las autoridades federales decomisaron 94 litros y medio de presunta cocaína líquida escondida en casi 190 botellas que simulaban suplementos multivitamínicos y estimulantes sexuales. Noventa y cuatro litros. En «vitaminas para el desempeño». Uno no sabe si alarmarse por el narcotráfico o por la demanda que justificaría semejante inventario. El pasajero llegó de Colombia con cuatro maletas de energía embotellada: o planeaba la fiesta del milenio o confiaba demasiado en que nadie revisa lo que promete vigor.
En la política, Tatiana Clouthier anunció «Todos con Conciencia», un movimiento ciudadano con el que —se apresuró a aclarar, no fuera a malpensarse— no busca ningún cargo público. Faltaba más. En Nuevo León nadie quiere cargos: solo quieren «mantener su participación en la vida pública», «seguir trabajando desde la ciudadanía» y que, de paso, nadie olvide el nombre rumbo a 2027. Es el equivalente cívico de «nomás vengo a saludar», dicho desde la puerta y con las maletas ya hechas.
El Gobierno del Estado, por su lado, presumió que septiembre cerró con 27 homicidios dolosos, 0.9 al día, «la cifra más baja desde 2009». Un redondeo más generoso y declaraban cero. Se agradece el dato, aunque festejar menos muertos siga siendo de esas victorias que uno preferiría no tener que festejar.
Para que no todo fuera agua, el estado anunció 600 millones de dólares en naves industriales y data centers. Data centers: bodegas refrigeradas que beben electricidad y agua a litros, instaladas en la entidad que acabamos de describir como alternativamente sedienta e inundada. Qué podría salir mal.
En la sección «noticias de 1997», un hombre fue detenido en la colonia Madero por robarse la caseta de un teléfono público. ¿El motivo? «Se le hizo fácil». Y tiene razón: lo difícil, hoy, es encontrar un teléfono público. El señor no cometió un robo; cometió arqueología.
En el frente internacional, un aspirante a la presidencia de Austria prometió devolver el penacho de Moctezuma… pero solo si gana. Traducido: México recuperará su patrimonio cuando un economista austriaco al que nadie ubicaba gane una elección que todavía nadie convoca. No desempolven las vitrinas aún.
Y mientras el exgobernador Ernesto Ruffo cumple prisión domiciliaria en Ensenada, lo visitaron viejos compañeros del PAN y conversó con Vicente Fox por videollamada. La estampa retrata al panismo del siglo XXI en un solo cuadro: reunidos por pantalla, uno bajo arresto y el otro listo para opinar.
Así pinta el sábado regio: cielo encapotado, botellas sospechosas, políticos que juran no querer el cargo y un teléfono público menos en el mundo. Saque el paraguas, compre su concha y no confíe en las vitaminas de nadie. Lo demás, como el talud del río, ya se viene deslizando solo.
El saldo del aguacero fue el de manual para una ciudad que edificó medio estado encima del lecho de un río: una decena de vehículos varados, veintidós árboles buscando el piso, treinta y siete cortocircuitos y seis postes con ganas de acostarse. El Estado salió raudo a aclarar que el carril exprés de Constitución NO sufrió daño, que el desgajamiento es «exclusivo del talud del lecho del río», distinción geológica que sin duda tranquiliza al automovilista que ve el cerro deslizarse a tres metros de su cajuela.
Mientras tanto, La Huasteca cerró a los visitantes y estrenó una modalidad inédita de parque: acceso solo para residentes, credencial en mano. Por fin un espacio natural con lista de invitados, como antro de San Pedro pero con alacranes.
Dos buenas noticias para el optimismo oficial. Primera: las presas sumaron casi 14 millones de metros cúbicos en un día, lo que confirma la doctrina hidráulica regia de que aquí o nos morimos de sed o nos ahogamos, término medio no se vende. Segunda: paraguas y pan volaron de los estantes, porque el regio tiene claro que bajo la lluvia solo caben dos conductas dignas: cubrirse o comprar concha.
Y entre nube y nube, el aeropuerto. En la terminal de Monterrey, las autoridades federales decomisaron 94 litros y medio de presunta cocaína líquida escondida en casi 190 botellas que simulaban suplementos multivitamínicos y estimulantes sexuales. Noventa y cuatro litros. En «vitaminas para el desempeño». Uno no sabe si alarmarse por el narcotráfico o por la demanda que justificaría semejante inventario. El pasajero llegó de Colombia con cuatro maletas de energía embotellada: o planeaba la fiesta del milenio o confiaba demasiado en que nadie revisa lo que promete vigor.
En la política, Tatiana Clouthier anunció «Todos con Conciencia», un movimiento ciudadano con el que —se apresuró a aclarar, no fuera a malpensarse— no busca ningún cargo público. Faltaba más. En Nuevo León nadie quiere cargos: solo quieren «mantener su participación en la vida pública», «seguir trabajando desde la ciudadanía» y que, de paso, nadie olvide el nombre rumbo a 2027. Es el equivalente cívico de «nomás vengo a saludar», dicho desde la puerta y con las maletas ya hechas.
El Gobierno del Estado, por su lado, presumió que septiembre cerró con 27 homicidios dolosos, 0.9 al día, «la cifra más baja desde 2009». Un redondeo más generoso y declaraban cero. Se agradece el dato, aunque festejar menos muertos siga siendo de esas victorias que uno preferiría no tener que festejar.
Para que no todo fuera agua, el estado anunció 600 millones de dólares en naves industriales y data centers. Data centers: bodegas refrigeradas que beben electricidad y agua a litros, instaladas en la entidad que acabamos de describir como alternativamente sedienta e inundada. Qué podría salir mal.
En la sección «noticias de 1997», un hombre fue detenido en la colonia Madero por robarse la caseta de un teléfono público. ¿El motivo? «Se le hizo fácil». Y tiene razón: lo difícil, hoy, es encontrar un teléfono público. El señor no cometió un robo; cometió arqueología.
En el frente internacional, un aspirante a la presidencia de Austria prometió devolver el penacho de Moctezuma… pero solo si gana. Traducido: México recuperará su patrimonio cuando un economista austriaco al que nadie ubicaba gane una elección que todavía nadie convoca. No desempolven las vitrinas aún.
Y mientras el exgobernador Ernesto Ruffo cumple prisión domiciliaria en Ensenada, lo visitaron viejos compañeros del PAN y conversó con Vicente Fox por videollamada. La estampa retrata al panismo del siglo XXI en un solo cuadro: reunidos por pantalla, uno bajo arresto y el otro listo para opinar.
Así pinta el sábado regio: cielo encapotado, botellas sospechosas, políticos que juran no querer el cargo y un teléfono público menos en el mundo. Saque el paraguas, compre su concha y no confíe en las vitaminas de nadie. Lo demás, como el talud del río, ya se viene deslizando solo.