El hospital eterno: nueve años en obra y con energía para rato
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Si la constancia fuera una virtud medible en concreto y varilla, el hospital del Issste de Ciudad Juárez sería ya candidato a la santidad. La remodelación y ampliación del inmueble arrastra casi una década: debía concluir en 2019 y hoy, en 2026, sigue consumiendo recursos con la disciplina de un gimnasio al que uno se inscribe cada enero.
El proyecto acumula modificaciones presupuestales y de calendario desde 2017. En lenguaje de obra pública, 'modificaciones de calendario' significa que el calendario se rindió primero. Y como la fe mueve montañas pero no termina hospitales, para 2027 proyectan inyectarle otros 92.3 millones de pesos. El paciente más longevo del Issste no está en una cama: es el edificio mismo, en observación permanente, estable dentro de su gravedad.
Uno intenta imaginar la lógica. Un bebé que nació cuando empezó esta obra ya va en segundo o tercero de primaria, probablemente comprando churritos en una escuela que la autoridad combate con amonestaciones verbales. Un joven que entró a la universidad ya se tituló. Las administraciones cambian, los moños se cortan, las primeras piedras se colocan con fotógrafo incluido… y la ampliación sigue ampliándose, fiel a su naturaleza.
Lo admirable es la resistencia presupuestal del asunto. Hay obras que se caen por falta de dinero; esta parece sostenerse justamente por el flujo constante de más dinero. Es una ampliación que, en vez de ampliar el hospital, amplía el gasto. Un prodigio de la ingeniería financiera norteña.
Mientras tanto, los derechohabientes esperan. Esperar es, al final, el servicio que este hospital presta con mayor eficiencia: nadie lo iguala en tiempos de espera porque llevan nueve años practicando. Cuando por fin abra —si para entonces Brasil ya tuvo su segunda vuelta y los semáforos de Juárez ya aprendieron a pensar—, habrá que recibirlo no con listón, sino con pastel: tendrá velitas suficientes para iluminar el quirófano sin necesidad de luz eléctrica.
El proyecto acumula modificaciones presupuestales y de calendario desde 2017. En lenguaje de obra pública, 'modificaciones de calendario' significa que el calendario se rindió primero. Y como la fe mueve montañas pero no termina hospitales, para 2027 proyectan inyectarle otros 92.3 millones de pesos. El paciente más longevo del Issste no está en una cama: es el edificio mismo, en observación permanente, estable dentro de su gravedad.
Uno intenta imaginar la lógica. Un bebé que nació cuando empezó esta obra ya va en segundo o tercero de primaria, probablemente comprando churritos en una escuela que la autoridad combate con amonestaciones verbales. Un joven que entró a la universidad ya se tituló. Las administraciones cambian, los moños se cortan, las primeras piedras se colocan con fotógrafo incluido… y la ampliación sigue ampliándose, fiel a su naturaleza.
Lo admirable es la resistencia presupuestal del asunto. Hay obras que se caen por falta de dinero; esta parece sostenerse justamente por el flujo constante de más dinero. Es una ampliación que, en vez de ampliar el hospital, amplía el gasto. Un prodigio de la ingeniería financiera norteña.
Mientras tanto, los derechohabientes esperan. Esperar es, al final, el servicio que este hospital presta con mayor eficiencia: nadie lo iguala en tiempos de espera porque llevan nueve años practicando. Cuando por fin abra —si para entonces Brasil ya tuvo su segunda vuelta y los semáforos de Juárez ya aprendieron a pensar—, habrá que recibirlo no con listón, sino con pastel: tendrá velitas suficientes para iluminar el quirófano sin necesidad de luz eléctrica.