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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 7 de octubre, 2026
Jalisco • Digest • 5 de octubre de 2026

Cuatro veces mundialista y ni una gota en la llave: la semana en que Guadalajara se celebró a sí misma debajo del agua

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Esta semana la prensa tapatía cumplió más de un siglo de vida y lo festejó de la única manera en que sabe festejarse una institución de esta ciudad: recordándonos, nota tras nota tras nota, que Guadalajara alguna vez fue importantísima. Que recibió tres Copas del Mundo. Que Díaz Ordaz y Nixon definieron fronteras en Puerto Vallarta. Que Obama, Harper y Calderón se tomaron la foto en el Hospicio Cabañas. Que por aquí pasaron la FIL, el Foro Económico Mundial, un congreso de astronáutica y hasta la agenda urbana de América Latina. Leída de corrido, la efeméride conmueve: una ciudad que un día le abrió las puertas al planeta entero.

El pequeño detalle es que, mientras la hemeroteca presumía al mundo, la llave del fregadero escupía agua color atole.

Porque el mismo fin de semana en que celebrábamos haber hospedado a medio mapamundi, el SIAPA salió a informar —vía red social, que es como hoy se disculpan las instituciones— que varias colonias tendrían agua turbia por trabajos en la planta potabilizadora. En el oriente de la ciudad ni turbia: de plano sin agua. Y en la colonia Monumental los vecinos la describieron con una precisión poética que ningún funcionario superará jamás: agua "peor que nunca", con olor fétido incluido. Recibimos a Nixon, pero no podemos recibir agua potable en la tubería. Somos anfitriones de talla mundial para todo, menos para el H2O.

La cereza del pastel hidráulico: a alguien se le ocurrió robarle, con lujo de violencia, dos retroexcavadoras al propio SIAPA, que las recuperó en Tlaquepaque gracias al GPS. Que quede asentado para la historia: el organismo que no logra meterle agua limpia a sus ductos sí logró rastrear sus máquinas por satélite. Prioridades metropolitanas, le llaman.

Mientras tanto, llovía al cien por ciento en Guadalajara, en Chapala, en Mazamitla, en Tlajomulco, en todos lados a la vez —el pronóstico fue unánime, cosa rara en esta ciudad donde no nos ponemos de acuerdo ni para dar vuelta en la Minerva—. ¿Y qué hizo la Perla Tapatía con tanta agua cayendo del cielo y nada saliendo de la llave? Lo correcto: fiesta. Vía RecreActiva Nocturna con adelanto de Halloween y 170 mil almas disfrazadas en el Centro, Fiestas de Octubre en el Auditorio y Calaverandia armando su ciudad de catrinas. Nos sobra agua en las calles, nos falta en las casas, y aun así salimos a bailar entre los charcos. Si eso no es resiliencia tapatía, no sé qué lo sea.

Claro que salir a la calle también cuesta. Porque la otra gran noticia de la semana fue que Guadalajara está cada vez más cara: gentrificación que empuja a la gente a la periferia, vivienda por las nubes y alimentos que ya se cotizan como obra de arte en subasta. Antes presumíamos ser la ciudad que recibía al mundo; ahora somos la ciudad donde el mundo viene a rentar un departamento en Providencia y el tapatío se muda a 40 kilómetros a tomar un mototaxi. Progreso, pues.

En Puerto Vallarta la cosa fue más literal. Por un lado, los trabajadores eventuales del Ayuntamiento llevan semanas sin cobrar su quincena y, por miedo a que los corran, nadie se atreve ni a reclamar: el silencio como prestación laboral. Por el otro, el mar —envalentonado por los remanentes del huracán Rachel— decidió pasar a cobrar él mismo: se comió los cimientos de comercios en Playa de Oro y obligó a cerrar zonas de hoteles enteros. Cuando ni el municipio ni el océano pagan ni avisan, uno entiende por qué en la costa todos andan nerviosos.

Y luego está lo que no da risa, porque no debe darla. Mientras la ciudad se autocelebraba, en el Centro Médico Nacional de Occidente del IMSS en Jalisco siguen sumándose denuncias de familias cuyos bebés fallecieron, un grupo de WhatsApp con decenas de casos que piden, apenas, que alguien investigue y que alguien explique. Ahí la sátira se calla y toma nota: una ciudad que publica cuarenta reportajes sobre los foros internacionales que hospedó en 1970, pero no logra entregarle a una madre la información que pide en 2026, tiene un problema de memoria selectiva del tamaño del Estadio Panamericano.

Así cerramos la semana: cuatro veces mundialistas, campeones de congresos, medallistas de cumbres. Expertos absolutos en recibir al mundo. Lo único que seguimos sin aprender a recibir es agua en la llave, la quincena a tiempo y una respuesta cuando de verdad hace falta. Pero eso sí, el aniversario quedó precioso.