Celaya estrena fuente danzante: brota espuma del drenaje y la autoridad jura que no pasa nada (tóxico)
Tamaño de letra
Hay ciudades que inauguran fuentes monumentales para presumir en el centro histórico. Celaya, más austera y más creativa, decidió que la suya brotara directo del subsuelo y gratis: tras las lluvias, varias alcantarillas de la ciudad empezaron a expulsar espuma blanca, abundante y burbujeante, como si debajo del asfalto alguien hubiera echado media caja de detergente a la lavadora equivocada.
La reacción oficial fue de manual. Primero, la foto del susto. Luego, la toma de muestras. Y finalmente, el comunicado tranquilizador: el material 'no representó un riesgo tóxico'. Respire usted hondo, celayense, que la espuma que le llega a los tobillos es de la buena, de la que no mata... todavía.
El pequeño asterisco es que, al mismo tiempo que nos juran que no es peligrosa, 'continúa la investigación sobre una posible descarga industrial'. O sea: ya saben que no es tóxica, pero no saben qué es ni de dónde salió. Es el equivalente a que el doctor le diga 'no es grave' antes de preguntarle su nombre. Ciencia aplicada del Bajío: primero el veredicto, luego las pruebas.
Uno imaginaría que una ciudad industrial como Celaya tiene la lista corta de sospechosos a la mano. Pero no: mejor dejarlo en 'posible', en 'presunto', en ese limbo administrativo donde las descargas no tienen dueño y los drenajes echan burbujas por generación espontánea. Si la espuma pudiera hablar, probablemente también diría que anda bajo investigación.
Mientras el misterio se resuelve —spoiler: para cuando se resuelva ya habrá dejado de llover—, los vecinos hacen lo de siempre: esquivar el charco espumoso, taparse la nariz y confiar en que la autoridad, que ya analizó, midió y tranquilizó, también algún día clausure. Porque una cosa es segura en Guanajuato: la espuma sube rápido, pero las sanciones, como todo por acá, llegan a destiempo.
Por lo pronto, sugerimos aprovechar el momento cervantino: pónganle una lona, cóbrenla como instalación de arte contemporáneo titulada 'Transparencia' y manden la cuenta a quien corresponda. Que si nadie reconoce la descarga, al menos que pague la entrada.
La reacción oficial fue de manual. Primero, la foto del susto. Luego, la toma de muestras. Y finalmente, el comunicado tranquilizador: el material 'no representó un riesgo tóxico'. Respire usted hondo, celayense, que la espuma que le llega a los tobillos es de la buena, de la que no mata... todavía.
El pequeño asterisco es que, al mismo tiempo que nos juran que no es peligrosa, 'continúa la investigación sobre una posible descarga industrial'. O sea: ya saben que no es tóxica, pero no saben qué es ni de dónde salió. Es el equivalente a que el doctor le diga 'no es grave' antes de preguntarle su nombre. Ciencia aplicada del Bajío: primero el veredicto, luego las pruebas.
Uno imaginaría que una ciudad industrial como Celaya tiene la lista corta de sospechosos a la mano. Pero no: mejor dejarlo en 'posible', en 'presunto', en ese limbo administrativo donde las descargas no tienen dueño y los drenajes echan burbujas por generación espontánea. Si la espuma pudiera hablar, probablemente también diría que anda bajo investigación.
Mientras el misterio se resuelve —spoiler: para cuando se resuelva ya habrá dejado de llover—, los vecinos hacen lo de siempre: esquivar el charco espumoso, taparse la nariz y confiar en que la autoridad, que ya analizó, midió y tranquilizó, también algún día clausure. Porque una cosa es segura en Guanajuato: la espuma sube rápido, pero las sanciones, como todo por acá, llegan a destiempo.
Por lo pronto, sugerimos aprovechar el momento cervantino: pónganle una lona, cóbrenla como instalación de arte contemporáneo titulada 'Transparencia' y manden la cuenta a quien corresponda. Que si nadie reconoce la descarga, al menos que pague la entrada.