El PRI apuesta por el limón: en Buenavista, la renovación sabe a 2024
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Guillermo Valencia, con la solemnidad de quien saca un as bajo la manga —o un limón del morral—, destapó a Guadalupe 'Lupe' Mora como aspirante del PRI a la presidencia municipal de Buenavista rumbo a 2027. El perfil es, digamos, de origen controlado: limonero de oficio, exautodefensa de trayectoria y hermano de Hipólito Mora de apellido. Si el tricolor buscaba una figura que 'conozca el terreno', aquí el terreno es literal: son las huertas.
Conviene recordar que Lupe Mora ya fue candidato en 2024, así que esto de 'destapar' tiene algo de reestreno: la misma cinta, otra temporada electoral, con la fe intacta de que esta vez el final cambie. En el PRI lo llaman experiencia; en el abarrotes de la esquina lo llamarían volver a fiarle al mismo cliente.
Hay cierta poesía amarga en que el partido que gobernó casi todo el siglo pasado presente hoy, como gran novedad, a un aspirante que ya conocíamos. Es la estrategia del 'quédate con lo que ya tienes', muy sensata para una alacena, menos para un proyecto que presume renovación. Pero en la política michoacana la renovación suele consistir en cambiarle la fecha al calendario y volver a imprimir las lonas.
Que nadie malinterprete: destapar a un limonero en Tierra Caliente tiene su lógica de mercado. El limón es el producto estrella de la región, sube y baja de precio con un dramatismo que ya quisieran las encuestas, y nadie entiende mejor los ciclos de abundancia y carestía que quien se gana la vida con él. Si de algo sabe un limonero es de temporadas buenas, temporadas malas y de aguantar la helada esperando la siguiente cosecha. Visto así, para la paciencia electoral está sobradamente calificado.
Falta lo de siempre: que los votos, a diferencia del limón, no se dan en huerta ni se cotizan por kilo. Habrá que ver si en 2027 la tercera es la vencida o si, otra vez, la cosecha se queda en la mata. Por lo pronto, el destape ya está servido, con sal y bien frío.
Conviene recordar que Lupe Mora ya fue candidato en 2024, así que esto de 'destapar' tiene algo de reestreno: la misma cinta, otra temporada electoral, con la fe intacta de que esta vez el final cambie. En el PRI lo llaman experiencia; en el abarrotes de la esquina lo llamarían volver a fiarle al mismo cliente.
Hay cierta poesía amarga en que el partido que gobernó casi todo el siglo pasado presente hoy, como gran novedad, a un aspirante que ya conocíamos. Es la estrategia del 'quédate con lo que ya tienes', muy sensata para una alacena, menos para un proyecto que presume renovación. Pero en la política michoacana la renovación suele consistir en cambiarle la fecha al calendario y volver a imprimir las lonas.
Que nadie malinterprete: destapar a un limonero en Tierra Caliente tiene su lógica de mercado. El limón es el producto estrella de la región, sube y baja de precio con un dramatismo que ya quisieran las encuestas, y nadie entiende mejor los ciclos de abundancia y carestía que quien se gana la vida con él. Si de algo sabe un limonero es de temporadas buenas, temporadas malas y de aguantar la helada esperando la siguiente cosecha. Visto así, para la paciencia electoral está sobradamente calificado.
Falta lo de siempre: que los votos, a diferencia del limón, no se dan en huerta ni se cotizan por kilo. Habrá que ver si en 2027 la tercera es la vencida o si, otra vez, la cosecha se queda en la mata. Por lo pronto, el destape ya está servido, con sal y bien frío.