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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 7 de octubre, 2026
Michoacán • Nota • 5 de octubre de 2026

Cuando el político hace solito la sátira: crónica del Movimiento del Sombrero

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Hay una categoría nueva en el periodismo michoacano: la sátira autogestiva. La estrenó el petista Baltazar Gaona, quien aseguró que Carlos Tafolla habría impulsado a Grecia Quiroz como presidenta municipal de Uruapan y, ya encarrerado, se dedicó a imaginar en voz alta cómo quedaría el gabinete del llamado Movimiento del Sombrero si algún día llegara al gobierno del estado.

Uno lee eso y no sabe si tomar nota o tomar apuntes para la competencia. Cuando el propio político se sube al escenario a hacer el número cómico del adversario, al columnista le queda la incómoda sensación de que le están invadiendo la milpa. Respetuosamente, diputado: la burla es un oficio con sindicato, y usted está trabajando sin credencial.

El detalle fino es el nombre: Movimiento del Sombrero. En un estado donde los proyectos políticos suelen bautizarse con palabras como 'transformación', 'esperanza' o 'futuro', llamarle a tu causa como a una prenda es, hay que reconocerlo, un acto de honestidad involuntaria. El sombrero sirve para dos cosas: taparse del sol y taparse de otras cosas. Que cada quien elija la acepción que prefiera.

Lo cómico de bautizar gabinetes ajenos es que se parece mucho a repartir la piel del oso antes de salir de cacería, solo que aquí ni siquiera es el oso de uno. Gaona reparte sombreros a diestra y siniestra en un gobierno que todavía no existe, lo cual es, admitámoslo, la forma más barata de hacer campaña: gobernar en la imaginación no requiere presupuesto, ni obra, ni comparecencias.

Mientras tanto, Grecia Quiroz, Tafolla y el resto de los mencionados tendrán que decidir si contestan el señalamiento o lo dejan pasar como lo que fue: una rutina de micrófono abierto. En El Destiempo, por lo pronto, tomamos nota con profesional envidia. Si la política michoacana va a seguir escribiendo sus propios chistes, que al menos nos deje corregir la puntuación.